sábado, marzo 12, 2011

Next Stop: Puerto Misahuallí



Llegamos por la noche, lo que automáticamente nos hizo desear extender un día más a fin de ver la puesta del sol.  Misahuallí nos atrapó desde el instante en que bajamos del bus. La parada fue en la placita central del pueblo, iluminada por una luz amarilla que lo invadía todo. Los monos caminaban sueltos por las calles y entre los árboles. Jason se acercó a uno y yo le recordé que debe tener cuidado porque tal y como nos advirtieron muchos van del juego que incluye robo de mochilas y aretes. Luego avanzamos directamente a "Sacha", el sitio que Don Patricio o "Cocodrilo Ghandi" nos había recomendado, puesto que estábamos al mismísimo pie de la Playa y a primera hora podríamos ver el agua y la arena blanca del Puerto. En el camino observamos uno que otro puesto de comida abierto y una taberna que al parecer era la más sofisticada del pueblo, y el punto de reunión de propios y extraños. De pronto, al cruzar el puente todo se volvió negro, únicamente se podía escuchar el sonido de los grillos, tan fuerte como si hubiesen estado esperándonos para dar inicio su concierto de bienvenida. 







Comprendí que Sacha era el lugar que había deseado conocer sin ni siquiera saber de su existencia. Me sentí cómoda rodeada de madera, tierra y el reflejo de esa luna tambaleándose sobre el río. Jason encendió un tabaco. El humo me dio una extraña paz. La "seño" (creo que se llamaba María, no recuerdo) fue muy amable con nosotros desde el principio. Dos perros ladraban como si jamás hubiesen  visto dos viajeros, pero luego se calmaron y nunca más volvieron a ladrar. "El uno se llama Sansón y el otro Casán", dijo la seño. Y luego nos comentó que en la mañana suele preparar café con bolones de plátano verde con chicharrón. 

 La Seño

La entrada a Sacha

La noche entera fue un sueño dentro de otro sueño dentro de otro sueño. Y en medio de la cadena onírica surgieron en mi ideas sobre el origen del mundo. No sé si porque inconscientemente estaba rodeada de monos y de una desnudez que lo contenía todo. El cielo estaba desnudo, y las estrellas y la voluntad de los grillos. Al siguiente día, la seño llegó con uno de los guías nativos. Me cayó bien y sin embargo no logró su objetivo. Su objetivo era vendernos su guía pagada. De entrada le dije que podía conversarnos del asunto pero que de antemano era bueno que supiese que no teníamos mucho dinero, apenas lo necesario para subsistir en el camino.  Jason estaba en una esquina, escribiendo sobre la hamaca. La seño regaba las plantas. Sansón y Casán jugaban entre ellos. El guía sonrió. "No se preocupe, ni se sienta en compromiso. Yo nomás quiero explicarle que tenemos por el sector". Y entonces comenzó a contarme más relajado sobre las comunidades aledañas. En realidad se lo veía buen tipo. Rasgos indígenas, sangre liviana. Jason seguía escribiendo. El diálogo con el guía continuó, y yo la verdad quería cruzar al otro lado del río. Planteé la posibilidad de cruzar nadado, pero el guió me contó de un par de muertes últimas de algunos viajeros y me recordó no desafiar a las aguas. Luego intenté convencerle de que nos llevara en la canoa gratis o al precio mínimo. Le dije que era importante que él supiera que a los guías que nos llevan a precio de panas, la vida les recompensa el doble. Y luego me dirigí a Jason como esperando que el me diera la razón basándose en nuestra experiencia. Jason asintió y luego le dijo: Se los convierte en constelaciones del cielo. El guía calló.

 fotografías antiguas del guía que nunca nos guió


A pocos metros el río invitaba a sumergirse en él. Varia gente caminaba por la orilla. Y un poco más lejos estaban los canoeros con sus balsas. De repente apareció un numeroso grupo de niños, debían ser estudiantes de la escuelita del pueblo porque venían quitándose ya el uniforme en el camino. Sus voces inocentes inundaron la playa. Jason avanzó hacia el agua, La seño quedó atrás con Sansón y Cazán. Y yo fui caminando lentamente, hundiendo de apoco en la arena blanquísima mis pies. 

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