Monumento del creador de la bebida: el farmacéutico por John Pemberton
logos e insignias a lo largo del tiempo
con mi hermana en una de las secciones de diseño de botellas a nivel mundial
Entre cientos de botellas encontramos Fioravanti de Ecuador
Con mis padres y hermana con uno de los personajes más característicos
La Coca-Cola fue creada en 1886 por John Pemberton en la farmacia Jacobs. Con una mezcla de hojas de coca y quiso crear un remedio que comenzó siendo comercializado como una medicina que aliviaba el dolor de cabeza y las náuseas; luego fue vendida en su farmacia como un remedio que calmaba la sed, a 5 centavos el vaso.
Frank Robinson fue quien en realidad le puso el nombre de Coca-Cola, y con su caligarfía diseñó el logotipo actual de la marca. Al hacerse famosa la bebida se le ofreció a su creador venderla en todo Estados Unidos. Pemberton aceptó la oferta (vendió la fórmula y su empresa en 23.300 dólares) y se abrieron varias envasadoras en Estados Unidos. Más tarde un grupo de abogads compró la empresa e hizo que Coca-Cola llegara a todo el mundo. Desde ahí la empresa se convirtió en The Coca Cola Company.
Entre las atracciones del museo se encuentran:
-Un cine en 4D que presenta un viaje en busca de la fórmula secreta.
-Un salón de degustación en el que los visitantes pueden probar más de 70 productos Coca-Cola de todo el mundo.
-Un Chevrolet amarillo del año 1939 que fue el primer camión de reparto que utilizó la compañía en Argentina.
Chevrolet 1939
Cine en 4D
sala dedicada a los clásicos posters de pin ups
En lo personal me divertí mucho junto a mi familia. Repito ni bebo ni comulgo con la marca, sin embargo aprendí mucho de sus inicios y desarrollo en el mundo. Me interesaba saber más del que en su tiempo fue un humilde farmacéutico y de cómo su enigmática mezcla llegó a convertirse un verdadero fenómeno, llegando al rincón más remoto de planeta, además, desde luego, del misterio que desde el principio tuvo la bebida con el dichoso 'ingrediente secreto' a quien el mismo John Pemberton lo nombró 7x.
Salvo algunos momentos en que la marca me saturaba con ese tufo de patriotismo tan propio de las atracciones estadounidenses en general y de esa cínica manera de ocultar cosas que tiene la publicidad (en una de las salas que hablaba de los beneficios sociales que paralelamente otorgaba Coca Cola en los diferentes países, a mí me dio por preguntar sobre las maquilas, la explotación salarial en Sudamérica y en otras regiones del tercer mundo y la intimidación y asesinato a miembros de varios sindicatos reivindicando sus derechos), el museo vale la pena. Sin duda es un lugar interesante, especialmente para aquellos que, al igual que yo, son amantes de la memoria y el tiempo.


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