Esa tarde me volví loca. O más loca que de costumbre. Sentí la aceleración de las horas y la asfixia que eso me genera. Cambié porque de no haberme importado nada hubiese estado calmada. Pero mi retorno se acercaba y los adioses siempre han sido una palabra llena de bruma. El pueblo seguía sumido en su rutina, pero yo lo veía todo en otro tipo de dimensión. No estaba nadie más que Jason a mi lado cuando llegamos a la plaza central y yo necesitaba más, más razones, más cambios de planes, no me bastaba la idea de las cartas venideras, estaba segura de que rumbo tomarían mis pies en caso de que ambos lo decidiéramos. Pero todo parecía tan tranquilo a mi alrededor mientras mi cabeza se llenaba de ideas. No quería alejarme, no quería embarcarme en ese bus y regresar a Quito sola. Quería gritar. Quería ser secuestrada, felizmente secuestrada. Como generalmente suele pasar, mi neurosis y mi grado de hipersensibilidad lo asustó o le molestó aparentemente. Me gritó agresiva, pasiva de mierda, porque me puse muy nerviosa con nuestra casi más cercana despedida, luego crucé el parque sin decir nada y terminé de una vez por todas la botella de zhumir. La tiré en uno de los tarros de basura. Los monos salieron despavoridos. Empezó a llover, y el calor y la humedad no tardaron de inundar el pueblo. Jason me siguió y eso me tranquilizó. Me encontró en una de las bancas a un lado del malecón, justo en frente del río. Conversamos por largo rato y todo volvió a la calma. Cruzamos el puente y el me volvió a contar aquella bella escena de él junto a su amigo en nueva York, cruzando el puente de Brooklyn mientras leían el libro de Hart Crane, su poeta favorito. Este no era Brooklyn bridge ni estábamos en la "capital del mundo", estábamos en el puente de Misahuallí en territorio que sólo pertenecía a la noche. Los grillos parecían haberse reproducido tres, cuatro, cinco mil veces más porque los sonidos que emitían era aún más intensos. Luego paseamos por las callecitas y comprobamos que los mismos personajes que en habíamos conocido se habían dado cita en la que al parecer era la única taberna del pueblo, o al menos la más popular. Esa noche comimos bien, aunque a mí prácticamente se me había acabado toda la plata. Jason compró una cena deliciosa y además complació mis ganas de patacones con queso. "Con dignidad", repetía mientras se reía, haciendo alusión a nuestras pequeñas fechorías de sobrevivencia en el camino. Finalmente nos volvimos catadores del brebaje que Cocodrilo Ghandi nos había entregado en Napo antes de partir, sin embargo ambos coincidimos en que sabía demasiado a vinagre como para tratarse de cualquier medicina. "Toma" le dije sonriendo, a lo mejor te sirve para alguna ensalada". Al siguiente día "La seño" nos despidió y Sansón y Cazán nos siguieron llegando a salir incluso de los límites de Sacha.
Nunca regresamos al otro pueblo donde nos esperaba Cocodrilo Ghandi. Las horas transcurrieron y la precipitación del tiempo me volvió a zarandear. Sin embargo, Jason me daba tranquilidad y me hace reír de rato en rato dándome la certeza del reencuentro. Intuyo que ambos seremos testigos de nuestras crónicas independientes de viaje. Él, desde luego, seguirá viajando hacia el sur. Cuenca, Loja y de allí hacia Perú. Perdemos dos buses antes de tomar el definitivo. Antes le entrego las fotografías que le faltaban de nuestras aventuras por el norte de la serranía. Mientras guardo las mías, Jason desaparece y al cabo de unos minutos regresa con dos tarrinas de encebollado con chifles. -Para el camino, me dice. Y el bus pita. Corremos con las maletas a media espalda. En el bus la música me apuñala. Canto, como y río, todo al mismo tiempo, porque sí no cómo? ... dentro de unas horas estaré en mi siento sola, nuevamente. Nos tomamos la última foto y luego compruebo que la he borrado accidentalmente. Maldigo la tecnología y mis dedos torpes. Hacemos una parada en Tena. Allí tomará el su autobús hacia Ambato y de ahí hacia el sur. Yo tomaré uno directo hacia Quito. Antes de partir entramos a alquilar un internet con el fin de imprimir unos cuantos poemas míos y entregárselos a Jason para que él pudiese leerlos en su ruta. Por esas casualidades de la vida entra un hombre que nos saluda decididamente, es Cocodrilo Ghandi, quien no sabe si emocionarse por vernos o reclamarnos por dejarlo plantado. Lo cierto es que al final sí lo llamamos pero nunca contestó su teléfono. Luego nos disculpamos, pero le explicamos que debíamos irnos o caso contrario perderíamos el bus. Tena. Tena-cidad. El sol nos persigue ferozmente.
¿Pero qué hay detrás del puente que conduce al puente que conduce al puente que conduce al puente? En mi mente vuelve a sonar Bonnie & Clyde, la canción que Jason puso de soundtrack para el camino, haciendo alusión a la famosa pareja de forajidos norteamericanos. Recuerdo unos versos que la misma Bonnie escribió alguna vez: "As the flowers are all made sweeter/ by the sunshine and the dew,/ So this old world is made brighter/ by the lives of folks like you.". Luego le digo a Jason que seguro ya nos tienen fichados en varios lugares, pero somos buenos y estamos limpios. Jason sonríe. Queda pendiente robar un banco y huir hacia un lugar lejano, lejano, lejano. Quedan en nuestras manos un puñado de profecías.



2 dijeron lo que tenían que decir...:
Spiderwoman! Abrazos desde Argentina
Que historia!
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