sábado, febrero 12, 2011

Porque nos gusta desafiar

Jason McGahan
holy silence, by CBC. Kitu 2011
Domingo 16 de enero de 2011

Ayer volvimos a desafiar a la ley y a la muerte. Tras haber recorrido la capilla del hombre y visitado el sepulcro de Adoum y Guayasamín, vimos, a pocos metros, una puerta cuya advertencia era muy clara: PROHIBIDO EL PASO/ PROPIEDAD PRIVADA. Jason y yo regresamos a vernos y sonreímos. No hacía falta decirnos nada, entramos. 



Estábamos conscientes de que el museo cerraba en cinco minutos y que bien podíamos quedarnos encerrados, pero aun así no nos importó y decidimos ingresar. No queríamos hacer nada malo, nuestra intensión tampoco era robar nada del sitio, pero sí queríamos saber que había al interior. Evidentemente se trataba de la casa del pintor, la misma que también le servía de taller. Habían herramientas, caballetes, etc.El rato menos pensado ya habíamos perdido la visibilidad de los patios centrales, pero ya no había vuelta atrás. 


Habían pasillos con arcos que conducían a una serie de cuartos cerrados. También había una pileta de piedra al fondo y de las paredes colgaban cuadros que no necesariamente correspondían al pintor, uno de ellos  me llamó mucho la atención, era muy colorido y trataba de una fiesta de pueblo. Mira, le dije a Jason, como de las que te he hablado. El fondo era amarillo y resaltaban los danzantes y la banda de pueblo, entre otros personajes. 


Avanzamos y nos encontramos con unas campanas inmensas para colgar de los jardines de una casa. Era fascinante meterse, susurrar e inundarse con ese eco. El suelo parecía un enorme tablero de ajedrez hecho de piedra. De rato en rato parecía como si alguien nos hubiese estado espiando, aunque pudo haber sido el viento o producto de mi paranoia. 


De pronto dimos con una esquina en la que habían varias sillas de estilo precolombino. Sillas de piedra e inscripciones extrañas.Yo me senté en una de ellas, y luego le dije a Jason que me gustaría tener una de estas en casa. Cuando regresé a ver el se encontraba como conversando con alguien, me asusté. Al acercarme nuevamente pude ver que era una especie de estatua asiática, parecía un soldado chino, y me recordó a aquellos miles de soldados de tierra cocida descubiertos a partir de 1974 en la provincia china de Xi'an. 


Cada quien siguió descubriendo el lugar por su lado. Yo me dirigí a otro patio pequeño en el que encontré más piezas extrañas, eran como animales, algunas estaban trizadas, y otras tenían un verdor propio de la humedad y el tiempo. De esta última  se desprendían pequeños trocitos de piedra. Tomé uno de inmediato y me lo guardé en el bolsillo. Nuevamente me asusté porque pensé que alguien había aparecido ese momento, pero era un pájarillo que había descendido desde uno de los árboles que escoltaban la propiedad (justo atrás de la casa está el parque metropolitano de Quito). Cuando quise acercarme a la avecilla, noté que detrás de ella había una especie de figura en lata o cobre: era un búho.






Nuevamente Jason y yo nos encontramos, le indiqué mi piedrecita y me la volví a guardar. Luego me dijo: Mira, señalando unas escaleras cuyas paredes estaban descascaradas. Subimos. -¿Crees que haya cámaras?, le pregunté. -No sé si las hay, pero igual no estamos haciendo nada malo, respondió. Y luego camino hacia la baranda más alta y salida de la terraza, se recostó de lado y lo sentí muy cómodo, como si hubiésemos descubierto el lugar más valioso del museo. Lo era. Esa vista lo era, ese paisaje tan generoso que hasta dolía. Yo me quedé en mi lugar, observando todo desde atrás. No quería interrumpir nada. Todo era solemne. Ese rincón era el más bello, y nadie más que nosotros nos hallábamos en él. 



Compartiendo el Silencio volvimos a perder la noción del Tiempo. Desde allí se podía observar con amplitud a la Ciudad encendiéndose, y la cima del Pichincha incendiándose con los últimos rayos de sol, incluso la misma Capilla del Hombre  con su cúpula se observaban desde allí. El Árbol de la vida se batía haciendo honor a su nombre, aparte de él, todo permanecía intacto. 


Pienso en la fascinación que tenía Guayasamín por Quito. La pintó tantas veces como pudo: Verde, roja, negra, en fin.... pero lo más interesante es que todas sus versiones fueron pintadas  desde el mismo lugar, a través de la misma ventana. Para Guayasamín el Pichincha era un animal vivo que cambiaba de color dependiendo el día. Hoy ese animal está mutando cada 5 segundos.. 4.. 3...2..1... ese animal está mutandoa hora, en este instante, 5...4..3...2..1...destruyendo mis pupilas con su belleza. Allá, frente a mí, hay un hombre que lleva una gabardina negra al frente de la espera, y pienso que esta postal es perfecta, pienso que deberían existir más tardes como esta. Luego, dejo de pensar.



Escribo porque no puedo saltar de este balcón y hacer trizas el aire a patadas. Patadas de alegría, de una alegría extraña No puedo dejar de añorar este silencio, esta complicidad. Tomo la libreta de Jason, arranco una hoja y escribo ¿En que se inspiran los que no tienen ojos por dentro? Y entonces giro mi cabeza y me doy cuenta que yo también estoy subida en este balcón, y que mis piernas cuelgan como si fuesen ramas, largas enredaderas negras, enredaderas de carne y nylon. Estoy tentada a decirle que no quiero marcharme, que ese lugar no me deja. Jason  regresa a verme, como si hubiese leído mi mente. Y yo rompo la armonía diciendo -A Guayasamín le faltó pintar este cuadro, este día, este instante. ¿En qué se inspiran los que no tienen ojos por dentro? ¿De qué color estamos hechos? ¿Por qué hay cuadros que deben quedar incompletos? ¿Quién nos mira desde afuera ?



Siempre me han gustado los tejados, viejos y gastados. -Mira, le digo, parece que son resistentes, a lo mejor podemos caminar sobre ellos. ¿Por qué no?, responde. Entonces me apoyo un poco y ¡zas! que suena una alarma. El sonido es tan intenso y abrumador que es obvio que viene desde aquí. Jason agarra  las cosas, me sujeta del brazo y empezamos a correr buscando una salida. Mierda, jajajajajajajajaja. No paro de reírme, a mí que se me ocurre tener un puto ataque de risa nerviosa en estos momentos. -Vamos, me dice, en mi país cuando suena así una alarma, la policía no tarda ni dos minutos en llegar. Pero yo sigo riendo  y repitiendo como una loca "ya nos jodimos, ya nos jodimos, ya nos jodimos... " La alarma parecía que iba a quebrar los vidrios. 


Echamos a correr, saltamos la baranda, y tratamos de huir por atrás, hacia el parque, pero entonces se me ocurrió una idea. "Vamos a decir que somos pintores también, y que nos quedamos sentados dibujando, que en realidad no nos habíamos fijado en el letrero". Jason se río, y es lógico, ninguno de los dos pinta un carajo, pero era la única opción que teníamos. cruzamos los patios, el Árbol de la vida que ahora se batía más fuerte que antes (seguro que Guayasamín y Adoum estaban muertos de la risa) y bajamos hacia la puerta principal, pero a pocos pasos nos quedamos helados cuando vimos que el guardia de seguridad estaba adentro de su garita de lo más tranquilo comiéndose un sánduche. No lo podíamos creer. Jason volvió a repetirme que si esto pasaba en su país, ahorita mismo ya estábamos siendo interrogados. No lo dudo, le dije pero estamos en Ecuador, y volví a sonreír.
Finalmente golpeé el vidrio y el guardia resultó ser una mujer, la misma que se sorprendió al vernos. -¡¿Qué hacen aquí, si ya va a anochecer y está cerrado?! -Es que somos pintores y nos quedamos ahí arribita boceteando, respondí, una de las guías -la que habla muy rápido- nos dijo que no habría problema. 

Nos abrió la puerta y pudimos salir.

Afuera no parábamos de reír. Aún nos temblaban las piernas de haber corrido a la velocidad de un rayo. Y nuevamente recordábamos escenas llenas de adrenalina que ahora nos parecían extremadamente graciosas, reíamos tanto que parecíamos dos ebrios de buenos recuerdos. Cuando ya íbamos media cuesta abajo, nos dimos cuenta que si nos quedábamos más tiempo probablemente nadie lo habría notado, y Jason planteó la posibilidad de regresar. Luego sonrió. -Estás fuckin' loco, le digo-. Y no sabía si era broma o verdad su inquietante propuesta. La noche estaba fresca. No sentía frío en absoluto. Y era la primera vez que yo andaba por esa callecita a esa hora. Me gustó mucho porque los chiquillos, como en todo barrio popular, jugaban en las veredas hasta muy tarde, y la gente subía y bajaba con una sonrisa. Encendimos un cigarro y de rato en rato se me ocurría cantar alguna canción. Jason ahora me parecía la reencarnación de algún poeta inglés del siglo XIX. 

Cuando estuvimos cerca de la avenida principal, no nos dimos cuenta y empezamos a caminar en medio de la vía, y sin saber que estábamos en dirección contraria al autobús. Todo sucedió tan rápido que sólo recuerdo que Jason gritó cuidado, y al tiempo que yo veía dos faros intensos de luz y el pito retumbando en mis oídos, Jason me levantó de un salto y me colocó en la baranda de acceso al bus, donde la gente espera, yo estaba paralizada, porque sentí que todos gritaron al ver que estuvimos literalmente a unos micro segundos de ser atropellados. Incluso ya en la baranda, todavía echados en la plataforma, tuvimos que ponernos de lado para que el bus no nos pasara rozando. Nos quedamos viendo, y nuevamente reímos como dos pendejos ebrios que abusaban de sus suerte. Pero lo cierto es que estábamos sobrios, asustados, pero felices. Allá viene el nuestro le dije, y todos nos observaban como nos alejábamos, casi incrédulos de que todavía seguíamos vivos.   

18 dijeron lo que tenían que decir...:

Giovanni-Collazos dijo...

Por momentos imprimes intensidad al relato y lo haces muy bien.

Me ha gustado mucho.

Besos.

Gio.

Anónimo dijo...

como te sentias si alguien entraba a tu casa o peor tu computadora

Albert dijo...

Danzan mis ojos al rítmo de la
tinta...
en pedazos de palabras, en tus colores aún vivos detrás de mis párpados,

En instantes de imágenes congeladas,
como invetando el recuerdo de tus huellas en las tablas.

En un "cualquierlugar" donde se desvanecen mis pasos
siguiendo la silueta de tu sombra hasta la próxima luz, hasta encontrar el vacío de mi espacio.

Hasta la siguiente línea, hasta la siguiente tecla;
donde tu mano empapada en nicotina,
para para exhalar se detenga.

Pablo Benítez dijo...

maldición! Carla Badillo, me encaaaaanta como escribes.

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Gracias a ti por tomarte el tiempo, Gio, pensé que me saldría apenas una notita con los apuntes de mi diario, pero veo que está un poco más largo de lo que pensé. Me alegra que te haya gustado. Abrazo.

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

anónimo:

la comparación no es válida. Yo no llegué a entrar a la casa, es decir habitaciones, salones, etc.. sino únicamente a los patios y a la terraza, áreas al aire libre. Jason y yo no tomamos NADA que sea de la propiedad es decir, no robamos nada, no nos interesaba, yo apenas tomé una piedra tirada en el suelo, confundida entro otras tantas piedras y polvo, verdosa por el tiempo y humedad. Pero ese no es el punto, si lees bien mi crónica, anónimo, la fuerza está en otro lado, era el lugar, el momento, el silencio frente a un cielo en llamas.

Eso es lo que encontramos sin buscar, eso es lo que yo necesitaba, difícil explicarlo a alguien cuyo primer ejemplo lo pone con cosas materiales.

Repito, no entramos ni a la ni tomamos nada. Simplemente fuimos testigos de algo que no tiene precio, y con lo que a nadie hicimos daño.

Anónimo dijo...

sacastes fotos cuando el deseo del dueno ni o sus familia ni queria que entraba a ver y los pusistes en el internet es peor que lei papeles

Anónimo dijo...

gente siempre justifican lo que quieren

Anónimo dijo...

momento lugar interes no justifica entrando a que no es tuyo

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Albert, gracias. Que la tinta siga danzando sobre una pista de hielo hasta sacar chispas, que el pulso no se detenga.

Anónimo dijo...

journalists siempre gustan hacer violaciones puro ego

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

¿Quién lo dice.. un policía?

pues yo nunca lo seré.

pd: para que te enteres (y no hables sin saber), sus familiares si quieren que esto sea abierto al público, ellos mismo lo han dicho, y no van a abrir el acceso nomás al patio y terrazas sino todo.. hasta el cuarto de pintor...de hecho está muy próxima su apertura, pero estaban haciendo los últimos arreglos.


pd: hay muchas, pero muchas cosas que yo nunca saco (entierros indígenas, fiesta con gitanos en Andalucía, cosas reservadas de gobierno, celebraciones indígenas privadas etc, etc, etc.... y jamás las he sacado... ¿qué te crees?, tengo mis principios, y doy la cara,... no me escondo bajo un seudónimo de 'anónimo')

Anónimo dijo...

sabias antes los deseos de la familia, no creo, y si entonces que es el punto

MARTHA dijo...

CARLITA!! qué bueno, por fin di con tu blog, mi nombre es Martha, te conocí hace poco, te vi danzando una música andina bellísima, sublime, y luego me llamó la atención que acabado el evento te juntaste con la gente y te pusiste a ayudar a las mujeres a recoger las cosas del lugar, me gustó tu sencillez, yo me acerqué a invitarte a las fiestas de pueblo por Píllaro, recuerdas? bueno, sólo decirte que espero que tu camino este lleno de luz y que las puertas de nuestros humildes hogares están abiertos cada vez que regresen.

Anónimo dijo...

indio o no respeto los deseos de todos,

Anónimo dijo...

valido un persona lei algo privado un violacion
de un alma contra un alma, entra sacar fotos
poner los en frente del mudo corecto no son
equivilentes

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Martha!!, claro que me acuerdo!! qué grata sorpresa, pensé que ya no volvería a saber de ti. El placer fue mío, siempre que voy por allá aprendo más y más cosas, esas mamas son enseñanza pura. Te cuento que a poco de la presentación terminé viajando -sin planear- en las fiestas de Saquisilí en Cotopaxi, semanas más tarde, justo en el fin de semana mayor es decir con castillos bandas y comparsas, toda una aventura, ojalá podamos ir por Píllaro, estamos con un nuevo profesor de danza, se llama Waira (viento en quichua), y estoy aprendiendo con él danzas guerreras, ya voy dos: la de la paloma y la de quetzalcoatl, la serpiente emplumada. Porfa cuanso sepas de algún temazcal, avísame, en la parte derecha de este blog está mi contacto electrónico, por si deseas mandarme emails.

salúdale a Don Pedro y las mujeres cuyos nombres no sé, pero cuyas sonrisas de maíz recuerdo siempre.

Alexa dijo...

Concuerdo con Giovanni, a mí en lo personal me envuelve la intensidad con la que escribes. besos.