viernes, febrero 18, 2011

Next Stop: Las pirámides de Cochasquí

En el camino 
(Arriba: CBC. Abajo: Jason McGahgan)
Cochasquí, Ecuador 2011

Luego de que Jason se confundiera de terminal de buses y hayamos esperado un largo rato por separado, finalmente logramos encontrarnos en la terminal de Carcelén pasado el medio día. Ambos llevábamos  nuestras mochilas sobre la espalada. -Tenemos tres opciones, le dije, y todas quedan al norte. A lo mejor por el tiempo debemos escoger una de ellas. -¿Y por qué no todas?, preguntó. Porque estamos un poco tarde, pero si quieres ir no hay ningún problema, respondí. Luego me quedé pensando en su propuesta. Me encantó su predisposición, y supe que seríamos excelentes compañeros de viaje.


La primera parada serían las Pirámides de Cochasquí, continué. A una hora y media de Quito. Luego ya veremos, podríamos avanzar hacia la provincia de Imbabura, pasar por Ibarra y continuar hacia el Valle del Chota, donde se asienta buena arte de la comunidad afroecuatoriana. Por mí no hay problema, tú eres la guía, dijo. Luego le expliqué que traté de comunicarme con Jorge Luis Nárváez, amigo y director del maravilloso documental ALPACHACA: puente de tierra, quien conocía al derecho y al revés esas tierras y quien sí sería un excelente guía por esos lares, pero que al parecer JL había viajado a Quito por un premio que ganó  gracias a un guión que presentó. Así que será un viaje de aventura. Compramos los boletos y nos embarcamos. Desde el inicio conversamos mucho y para nuestra buena suerte colocaron cumbia vieja colombiana. En el asiento contiguo viajaba también una mujer indígena de rasgos muy bonitos. La saludé en quichua y luego empezamos a hablar. Llevaba consigo un costal con algo que se movía adentro, era una gallina viva que, según explicó, serviría de regalo para un matrimonio en Ilumán. Ella era de Otavalo, al igual que su esposo que viajaba tres asientos más atrás y que estaba profundamente dormido. Luego la mujer me dijo en quichua que le gustaba mi cabello y se sorprendió que yo también lo llevara huangueado al igual que ella. Entonces le conté que yo era bailarina de danza tradicional, que incluye euna variedad de ritmos como San Juanes, san juanitos y saltashpas. Ella se emocionó mucho. -Mi hijo también es bailarín y director de un grupo llamado Ñucanchi Allpa-. Yo me emocione aún más, porque sabía de quien me hablaba: Era Javier, que por esas cosas de la vida también fue nuestro maestro por un tiempo. Lugo la señora le mandó saludos a mi madre, quien es la directora de TULLPUCUNA, ya que Javier le tiene mucho cariño. Es mutuo, le dije. Y luego seguimos conversando hasta nuestra parada, de la que casi nos pasamos de no haber sido por el conductor que nos aviso que  allí debíamos bajar.





Estábamos en plena carretera, en una curva donde no se veían más personas que nosotros. Jason aprovechó para fumar un tabaco. Luego me asusté al pensar que nos bajamos en la parada incorrecta, pero a los pocos segundos apareció una camioneta con un par de personas en el balde haciéndonos señas con las manos, entonces alcancé a ver un letrero que decía Cochasquí, y ellos podían acercarnos arriba.  Cruzamos la calle y subimos. Apenas el auto comenzó a caminar ya sentimos el viento golpeando sobre nuestros rostros. El polvo se levantaba a nuestro paso como si esa fuese su forma de despertarse frene a nuestra presencia, y cada vez nos internábamos más entre las montañas y atrás quedaba el medio día.







En el camino Jason fue conversando con una mujer que vivía más arriba, en el pueblo, y que cuya única compañía era el perrito que llevaba consigo. Cuando llegamos al pueblo, le pedimos al conductor de la camioneta que por unos centavos más nos avanzara hasta las pirámides. Aceptó. El tramo era un poco largo y por el tiempo hicimos bien en ir en auto hasta la puerta de entrada al lugar deseado. Al llegar pregunté a un par de lugareños si le conocían a Don Pedrito, quien era uno de los guardias-guías que yo había conocido hace muchos años y quien me solía contar historias sobre la Quilago (la mujer solar), y sobre el sinnúmero de plantas medicinales que allí crecían. Al parecer Don Pedrito no había ido ese día, y nos asignaron otro guía con quien recorrimos las pirámides.






Cochasquí, en lengua autóctona significa lago del medio o del frente, porque viene de la unión del vocablo 'cocha', que significa lago y 'qui', mitad. Se dice que sus habitantes miraban al cielo desde ese lugar, les parecía que era un lago y por ello lo bautizaron con ese nombre. Las pirámides de Cochasquí, que datan de al menos unos mil 500 años, guardan aún enigmas de la cultura preincaica Quitu-Cara, es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Ecuador, y sin embargo menso conocidos. Asentadas a 52 kilómetros al norte de Quito, las 15 pirámides truncas (no terminan en punta, como las de otras culturas antiguas) y 21 montículos funerarios, cubiertos por pastizales, a primera vista lucen como colinas dispersas en 89 hectáreas, de cuyo origen natural comenzó a dudar el arqueólogo alemán Max Uhle, en la década de 1930. Todas tienen una rampa por la que se accede hasta su cúspide, de modo que vistas desde el aire tienen la forma de una T y una, en particular, tiene dos rampas, que la asemejan a un escorpión. En 1932, las excavaciones de Uhle, investigador de la cultura inca, confirmaron que habían sido construidas por el hombre, puesto que en la pirámide nueve halló numerosos cráneos, que parecen indicar que fue lugar de ceremoniales religiosos y de uso astronómico y militar.






Las pirámides, construidas con grandes bloques de un barro de tierras y material volcánico (cangahua y chocoto), cada uno de los cuales pesa hasta 300 libras. En la cima de la pirámide nueve, se hallaron un calendario lunar y otro solar, cada uno formado por dos pequeños canales convergentes, con orificios para insertar pequeños plintos de piedra, cuya sombra determinaba solsticios y equinoccios. 


Cochasquí, a tres mil 100 metros sobre el nivel del mar, fue un lugar de observación de movimientos de posibles enemigos y desde ese punto de vista era un lugar estratégico, un pucará, en lengua autóctona. Desde las pirámides se observan todos los valles asentados en una distancia de al menos 60 kilómetros hacia el sureste, así como una parte de Quito y su colina El Panecillo, además de numerosos nevados de Los Andes.





Por su ubicación, Cochasquí pudo pasar desapercibido a los Incas, que sellaron su conquista de lo que hoy es Ecuador en una cruenta batalla con los Caranquis, a orillas de una laguna que por ello se llama Yaguarcocha (lago de sangre), poco antes de que llegaran los españoles.






Luego de un sinnúmero de historias que nos cuenta el guía, a quien sentimos muy cercano desde el principio, nos sentamos y yo procedo a hacer un agradecimiento por lo que estamos observando y viviendo, enciendo tabaco y lo entierro en una de las cimas junto con algunas semillas. Nuestro guía me pregunta si yo soy una especie de curandera o algo así, debido a la energía que cargo. Le digo que sólo hago las cosas de corazón. -"Hay personas que vienen aquí y se marean o se enferman o simplemente tienen una mala vibración, dice, "ud tiene mucha luz, ud puede ver con una mirada profunda lo que está pasando". Le agradezco y luego saco algo de comer para apaciguar el hambre que ya comenzaba a hacer de las suyas. Avanzamos hacia una especie de museo al otro lado, llamado también Quilago. En el camino le pido que le cuente a Jason más sobre esa mujer jaguar, mujer cacique de la que yo desde el primer día también le conversé.  Jason me regresa a ver de rato en rato asintiendo porque todas las historias que nuestro guía nos cuenta, yo en su momento ya se las conté. Luego hablamos de entierros milenarios y de la vasija de barro, yo canto, Jason sonríe, el viento vuelve a soplar. 




Ya adentro del museo, encontramos objetos de la cultura quiru-cara. Y representaciones de su tradicional forma de vida. En uno de los montículos funerarios, los arqueólogos encontraron el esqueleto de una mujer de unos 25 años de edad, de 1.70 metros de estatura, que se exhibe en el museo contiguo a las pirámides.




la obsidiana era utilizada como cuchillo

traslado de Atahualpa

viviendas autóctonas

Han pasado ya varias horas y el paisaje nos envuelve. Cae la niebla, las llamas se alejan y nosotros debemos continuar. "Nos sentaría bien un vasito de puntas bien fermentadas para abrigar la garganta", digo. -"No se preocupen -dice nuestro guía-, la próxima les espero con guitarra y comidita, pero avisarán con tiempo". 
Don Octavio (otro de los guías de los que hace un buen tiempo escribí algo) aparece y nos ofrece sacarnos a la carretera. Le agradecemos y nos subimos de inmediato. Voy comprando en el camino una fundita de choclo y mote con ají.  Al bajarnos me doy cuenta de que he perdido mi celular. Jason enciende un tabaco y me ofrece otro a mí, y allí, en medio de la ruta, decidimos jalar dedo y avanzar hasta donde el destino nos decidiera llevar. 

1 dijeron lo que tenían que decir...:

Alexa dijo...

No sabía que en Ecuador había pirámides, gracias por compartir información de la manera que tú sueles hacerlo. Sigue caminando, aventurera.