miércoles, febrero 23, 2011

Next Stop: Ibarra


Llegamos a Ibarra y nos encontramos con un grupo de bomba en plena terminal. Eso aumentó mis ganas de avanzar hasta el Valle del Chota. Jason me dijo que ni siquiera en Nueva York había visto una terminal de buses con su propio escenario para artistas en vivo. El grupo tenía como cuatro o cinco  integrantes, pero el que más llamaba la atención era el que tocaba la percusión y al mismo tiempo apretaba con sus labios la hoja de naranja con la que emitía los particulares sonidos que definen ese género de música. Jason fue por café y mientras tanto yo me senté en el piso para escribir en mi diario.
       

Al salir de la estación, yo señalé el camino de acuerdo a lo que mi memoria me dictaba. La última vez que estuve en la ciudad fue cuando vine con mi querido amigo, Jorge Luis Narváez, director del documental Alpachaca: puente de tierra, sin embargo en aquella ocasión no alcanzamos a visitar los helados de Doña Rosalía. Recuerdo que desde pequeña siempre tomaba estos tradicionales helados de paila junto con mi familia cada vez que visitábamos la ciudad Blanca. Esta vez nuestra parada fue estratégicamente para tomar estos helados. "No puedes irte sin probarlos", le dije. Y el sol se intensificó a aún más como si me diera la razón.   


Elaborados en paila de bronce, con cuchara de madera, hielo, paja de páramos, sal en grano y fruta. En las calles Oviedo y Bolívar esta ubicada la heladería de Rosalía Suárez, donde están los famosos helados de paila que forman parte de la cultura y tradición de la ciudad blanca de Ibarra y se elaboran en forma artesanal y manual. Desde luego, Doña Rosalía ya murió, peor su familia le ha dado continuidad al patrimonio. Sus hijos y nietos continúan  elaborando los helados con la misma fórmula artesanal.


Pedimos dos sabores en cono cada uno y una quesadilla. Nos levantamos de inmediato y nos vamos. En el camino encontramos en una placita un grupo de cinco hombres de raza negra por lo que creí que eran del Valle del Chota y al preguntarles algunas referencias, resultaron ser de Esmeraldas, más al norte, en la costa.Sin embargo se mostraron muy abiertos y amables, y me preguntaron si yo conocía la marimba, entonces comencé a cantar "La Caderona" y se emocionaron aún más. De pronto estábamos todos cantando y bailando en la plaza. Dos de ellos estaban borrachos y eran precisamente los que más nos motivaban a avanzar a San Lorenzo.


Uno de ellos, quien se presentó como "Carabalí", de rato en rato me decía que yo parecía una presentadora de noticias de Univisión, y juraba que además me había visto realizar un par de reportajes en México, desde luego: ni lo uno ni lo otro. El otro, también borracho y buena gente, nos ofreció llevarnos a su casa en Esmeraldas, se supone que él manejaría un auto, pero era evidente que ni siquiera podía recordar su nombre. Fue difícil abrirnos de ellos, pero finalmente entendieron que debíamos partir puesto que queríamos llegar al río Chota antes de que se ocultara el sol. 


Avanzamos con paso acelerado y terminamos atravesando la ciudad a pie, pero en línea a fin de llegar rápido a la parada donde tomaríamos el bus "Oriental Pimampiro". En el camino nos topamos con un San Pedro en todo su esplendor y quisimos entrar a la propiedad y tomar un poco (pidiendo  permiso a la plantita, desde luego, pero una vez más no quisimos distraernos por nada y así llegar pronto a nuestro objetivo. Al llegar a la la parada había una serie de puestos ambulantes de fruta y discos piratas.

Mientras esperábamos, yo conversé con Pedro, uno de los choferes que estaba descansando mientras hacían relevo sus compañeros, y aproveché para despejar algunas dudas sobre el orden de los pueblitos que irían apareciendo. él fue muy amable y me dio dos opciones para quedarnos en la carretera e ingresar al río Chota, pero antes le pregunté que dónde podíamos conseguir vino de ovo. -¿Vino de ovo?, inquirió. Nunca lo he probado. Entonces un compañero, posiblemente cobrador, se acercó y me dijo -Ahhh, entonces tienen que bajarse primero en Ambuquí. Apenas terminó su frase el bus llegó a la parada. Agitamos nuestras manos y les agradecemos por los datos proporcionados. Adentro apenas quedan un par de asientos. El paisaje en un abrir y cerrar de ojos ha cambiado. Pronto estaremos en el Valle. 

1 dijeron lo que tenían que decir...:

Andrea Avecillas dijo...

vivo en Ibarra y sigo tus crónicas de viaje, me habría encantado saber que llegabas a mi ciudad. Suerte, Carlita y buen camino.