viernes, febrero 27, 2009

Lawrence Durrell (y un fragmento de su correspondencia con Miller)

Henry Miller y Lawrence Durrell en 1962
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Un día como hoy (y a esta misma hora: 1:00 a.m.) nació el novelista y poeta británico Lawrence Durrell. Si tuviese más tiempo, me encantaría decir unas cuantas cosas sobre él, sobre su obra, y sobre su amistad con Henry Miller y Anais Nin. Me he internado en ese fascinante mundo gracias al material epistolario entre Durrell y Miller. Las cartas constituyen toda una revelación del mundo de dos grandes hombres y artistas. Lúcidos, honestos, generosos y visionarios.
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Todo empezó cuando Durrell leyó Trópico de Cáncer e inmediatamente escribió una carta elogiosísima a Henry Miller ("Saludo a Trópico como el libro de mi generación") que Miller contestó feliz y cauto ("Su carta es tan vívida, tan incisiva que tengo curiosidad por saber si usted mismo no es escritor"). Un millón de palabras se escribieron desde entonces hasta 1980, año de la muerte de Miller.
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Ahora mismo es, en Kitu, la una y dos minutos de la mañana, y el tiempo sigue y sigue y sigue, no se detiene. Las 24 horas no son suficientes. Hoy he pasado metida en mi pequeño estudio, trabajando en mi poemario. No me he movido del asiento más que para ir al baño y a la cocina, y en una tercera ocasión, sólo para salir al balcón y tomar una fotografía de las montañas que, por la tarde, se veían más imponentes que de costumbre debido a un choque brutal de clima: el cielo era terriblemente gris, casi negro, y sin embargo de una rendija el sol emitía unos rayos soberbios, y al mismo tiempo llovía. Tanta belleza me preocupa, porque sé que tan privilegiado escenario, no se debe a otra cosa más que al calentamiento global. En fin, como decía, he pasado trabajando en mi poemario, incluso tuve que faltar a mi ensayo de danza.
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Por otro lado, he leído unas cuantas cartas que me han emocionado mucho, muchísmo, unas desde San Francisco y otras desde España. Hasta el momento no he podido responderlas. Es curioso, a pesar de que a veces soy muy impulsiva, cuando se trata de responder una carta me gusta tomarme mi tiempo, hacerlo sin prisa, aunque sean dos líneas, me gusta otorgarle el tiempo que se merecen, y no atropellar u omitir ideas o sentimientos. Hoy me ha sido imposible responder. Lo haré mañana (mejor dicho en unas cuantas horas más). Qué oportunos los versos de Baudelaire, en los que dice: ¡Reloj! ¡Divinidad siniestra, horrible, impasible, cuyo dedo nos amenaza y nos dice: ¡Recuerda!
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A mí me lo recuerda de todas las formas, y sigue y sigue y sigue (me hace gracia pensar que aun con todo esto, con todo el tiempo que requiero para dedicarme a mis cosas, a las cosas que de verdad me interesan y me llenan, las pocas veces que salgo hay gente que me pregunta, pero que estás haciendo?... la mayoría de veces doy cualquier explicación y me evito decirles que escribir no es un hobby!!!! por mucho que me cause placer -incluso cuando estallo o me agarran fuertes bajones-, y que requiero dedicar mi tiempo a mi escritura, a las lecturas, a lo que en realidad me llena!! Pero de alguna forma les entiendo, pues a muchos de ellos -por no decir casi todos- nunca les he dicho que escribo, incluso ni siquiera saben que tengo un blog). En fin, ya que hablamos de Durrell y de cartas, transcribo un fragmento de la correspondencia entre los escritores antes mencionados. Aunque estoy agotada y quiero ir a la cama, no me resisto a compartirlo.
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¡A tu memoria, Larry!


Grecia
(27 de enero de 1937)

Querido Henry Miller:

Nací el 27 de febrero de 1912 a la 1 de la mañana. Lo de la sangre hindú debe de haber sido un error. Madre irlandesa. Padre inglés. Buena casta temerosa de Dios, lujuriosa, de los del motín que van a la iglesia. (Mi abuela se sentó en la terraza con una escopeta en las rodillas, esperando a los amotinados, perocuando le vieron la cara se fueron a otro lado. De ahí viene el rostro de familia.) Puedo tener un toquecito de hindú; ¿quién sabe? De cualquier manera soy uno de los expatriados del mundo. Es solitario verse separado de la raza de uno. Hay tanto de Inglaterra que amaba -y tanto que odiaba-, tanto que trato de limpiarme de la lengua, pero se pega. Ah, qué carajo, nací para ser el ahijadito de Hamlet... los horóscopos no pueden tocarme ¡Ya estoy loco!

(...)
Nunca pasé realmente hambre -pero me pregunto si las raciones escasas no son la muerte en otro grado-; conocí a Nancy que estaba en posición igualmente precaria y entablamos una asociación incongruente: un sueño de botellas rotas, escupitajos, comida en latada, carne rancia, urinales, el olor de los hospitales.Y así, bueno, hicimos un poco de beber y morir. La segunda lección según san Pablo. Pusimos juntos un estudio fotográfico. Se hundió. Intentamos carteles, cuentos cortos, periodismo....todo, menos venderle el culo a los clérigos.
(...)
Bueno, ahí la tiene. Mi vida es como un gusano picado. Hasta los onces recuerdos maravillosos... blanco, blanco los Himalayas desde las ventanas del dormitorio.Los gentiles jesuitas vestidos de negro rezándole a nuestra señora, afuera, en los caminos de frontera, los chinos que caminaban tiesos, y los tibetanos que jugaban a los naipes en el piso: las fisuras azules en las montañas. Dios, qué sueño los pasos de montaña hacia Lasa, azules de hielo y descongelándose suavemente hacia la prohibida ciudad sagrada. Creo que Tibet es para mí lo que China es para usted.Viví a sus orillas con una felicidad de copla infantil.
(...)
Y ahora, ilustre, llegó el día en que Trópico me abrió un agujero en el cerebro. Me liberó de inmediato. Tuve tal maravillosa sensación de absolución -de libertad de culpa- que pensé en enviarle una nota.
Trópico me enseñó una cosa valiente. Escribir sobre la gente de la que sé algo ¡Imagínese! Tenía esa colección de personajes grotescos en mi interior y no había escrito una línea sobre ellos, sólo sobre ingleses heroicos y muchachas que parecían palomas, etc.(siete chelines seis peniques el volúmen). Toda la colección de hombres y mjueres se abrió ante mí como una navaja.
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Durrell-Miller: cartas, 1935-1980. Por Lawrence Durrell, Henry Miller, S. MacNiven. Compilado por S. MacNiven. Siglo XXI, 1993.

miércoles, febrero 25, 2009

Buck Owens - Act Naturally

Hoy es día de country music. Y le toca el turno a Mr. Buck Owens, uno de los grandes del género. Buck, junto con Merle Haggard, fue el líder del sonido Bakersfield, una interpretación más eléctrica y rockera del hardcore honky tonk como alternativa al sonido pop dominante en los años sesenta en la música country. Owens fue el primer artista country que emergió en Bakersfield (y no en la habitual Nashville) logrando un total de 15 números uno consecutivos a mediados de los sesenta, con un total de 20 a lo largo de su carrera. Fue conocido también por su faceta televisiva, en el show Hee Haw (una comedia country). El tema que hoy propongo: "Act Naturally", me encanta. Y fue interpretado también, en su momento, por mi querida Loretta Lynn, y por Los Beatles.
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A continuación, comparto la letra de Act Naturally, y enlazo el video (no he podido cargarlo aquí), de 1965, en el que Mr. Owens nos deleita, respaldado con la aguda voz de Don Rich. Y como bonus, otra buena canción: Down to the river.
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Filmaremos una película sobre un hombre que está triste y solo/ y todo lo que tengo que hacer es actuar naturalmente.
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¡Que lo disfruten!
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Act Naturally
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They're gonna put me in the movies
They're gonna make a big star out of me
We'll make a film about a man that's sad and lonely
And all I have to do is act naturally
[CHORUS]
Well, I bet you I'm gonna be a big star
Might win an Oscar you can never tell
The movie's gonna make me a big star,
'Cause I can play the part so well
Well, I hope you come and see me in the movie
Then I'll know that you will plainly see
The biggest fool that ever hit the big time
And all I have to do is act naturally
We'll make a film about a man that's sad and lonely
Begging down upon his bended knee
I'll play the part but I won't need rehearsing
All I have to do is act naturally
[CHORUS

martes, febrero 24, 2009

Tullpucuna y el Taita Carnaval

¡Juyayay, carajo!
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Este año pasé el feriado de Carnaval en Kitu, y como parte de las actividades programadas, el grupo de danza tradicional Tullpucuna participó en el "Desfile del Sur", uno de los más grandes eventos realizados en la capital ecuatoriana. Luego de una semana un tanto gris, en la que casi nada me motivaba, la participación de mi grupo en este desfile me levantó el ánimo (bailar siempre tiene ese efecto revitalizador en mí). Sin embargo, a la hora de la hora, no bailé, debido a que los organizadores pidieron como requisito que cada grupo escoja una muchacha que los represente, una wuarmi bonita, es decir una especie de reinita, y adivinen a quién escogieron.... pues sí, amigos. La idea no me agradó tanto, pues quien salía escogida debía subirse a uno de esos inmensos carros alegóricos, lo cual implicaba no bailar. Pero bueno, todo sea por mi grupo. Me subí. Y debo admitir que no me arrepiento, la gocé en grande. Una vez arriba, aproveché mi lugar "privilegiado" para observar un sinnúmero de personas, cosas, escenas.... en fin. Fue muy divertido. Después de todo, no todos los días una puede recorrer varios kilómetros, durante la noche, subida en un inmenso carro alegórico, pasando -literalmente- al ras de segundos y terceros pisos de casas ajenas.

En el mismo carro alegórico, también se subió una reinita (creo que representaba alguna institución) me dijo que no tenía nada que ver con el arte. Pero eso sí, estaba con todas las de ley: corona, banda, mini... Era curioso, mientras ella me pedía un espejo para arreglarse, cada 5 minutos, hasta la punta del cabello (no pude ayudarle pues no cargaba más que mi cámara), yo le pregunté si tenía algo para calentar el cuerpo, ya saben, canelazo, puntas o cualquier licor que me libre del frío implacable de la noche quiteña. La reinita se rió, pensando que lo que dije era una broma. Menos mal, Juanito, un amigo del grupo, me pasó, por abajo, una botellita con algo fuerte (que hasta ahora no sé que fue), que me sentó muy bien. Por otro lado, la música estuvo excelente. Nos precedía una banda de pueblo y atrás un grupo que bailaba saya boliviana. Yo fui con mi traje de Pujilí, igual que mis compañeros, quienes sí bailaron durante el trayecto.

Al comienzo del desfile

Ya en medio camino, alrededor de 32.000 asistentes

(la foto sale movida porque es dificil fotografiar cuando todos mojan a todos)

Cabe recalcar que El Carnaval, a pesar de tener sus diversas variantes y costumbres de acuerdo a la ubicación en el país, tiene rasgos muy similares, cargados de historia y tradición. Pero una de las caractéristicas comunes es la de mojarse unos a otros, jugar con agua, espuma, harina, tinta, huevos, etc, etc, etc. Uno de los más importantes, en Ecuador, es el de Guaranda (y de los que más he disfrutado), música, coplas, disfraces, y -en el que según dicen- es donde "más salvaje se juega". Pero por más mojado que uno esté no hay nada que un buen "pájaro azul" (bebida propia de la región, hecha a base de puntas o aguardiente) no pueda remediar. En Ambato (Tungurahua), la celebración es conocida como la Fiesta de las Flores y de las Frutas. En Cuenca (Azuay), la "mojada" se acompaña con mote pata (caldo compuesto de cuchicara, carne de cerdo y longaniza), tamales rojos, hornado y el dulce de higo con queso. En Imbabura, durante el Carnaval, se desarrollarán ferias textiles, de comidas típicas, festivales culturales y presentaciones artísticas en cuatro citas importantes: la Expoferia Atuntaqui; el Festival Coangue, en el valle del Chota; el Carnaval y Cultura por la Vida, en Pimampiro, y el Pawkar Raymi en comunidades de Otavalo.

Para el indígena, el "Taita Carnaval", que representa el padre de la fiesta, debe ganar una batalla con el "Guambra" o "Yarcay", que representa la hambruna y la miseria, para asegurar mejores cosechas en el siguiente año.
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Algunos integrantes:
De izq. a der. Mirelle, Karla S., Paola, Rocío (mi mamá), Yo, Monica, Satiago, Geovana.

Mi madre y yo, en el Tullpu movil (todavía sin rastros de espuma ni harina ni agua)

sábado, febrero 21, 2009

106 años de Anais Nin

Anais Nin
(Paris, 21 de febrero de 1903- Los Ángeles, 14 de enero de 1977)

Hoy se cumplen 106 años del natalicio de una de mis mujeres: Anais Nin. La neurótica, la descarada, la transgresora, la valiente, la bailarina de flamenco, la que al principio no fue tomada en cuenta por algunos editores y tuvo que imprimir sus propios libros, ayudando también a sus amigos, todos ellos escritores underground en Nueva York. La que estaba convencida de que la única anormalidad es la incapacidad de amar. La que mantuvo intensos romances con Henry Miller (quien le dedicó a Anais Primavera Negra) y con su esposa: June Mansfield; con sus psicoanalistas René Allendy y Otto Rank; con Joaquín Nin, su padre, entre otros, y su amistad con intelectuales y artistas como Dalí y Gala, Carpentier, César Vallejo, Pablo Neruda, Chaplin, Cortázar, Blaise Cendrars y Tanguy, André Breton, Antonin Aratud, etc.
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Hoy me limito a brindar por ella y copiar un fragmento de su Diario Amoroso: Incesto. El texto corresponde al día en que Anais cumplió 30 años; en él aparece, una vez más, la figura de su amante y compañero de letras Henry Miller.
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¡A tu memoria mi querida Anais!
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21 de febrero de 1933

Mi trigésimo cumpleaños empieza con un regalo de Henry, una página desenfrenádamente cómica en la cual ha escrito notas recordatorias para él mismo, como "Roba buenos libros de la Biblioteca Americana. Sé Tauro. En los días de frío, pinta las paredes del dormitorio con furia. Llévale Á Rebours a Anais. Invita a Zadkine a cenar." Luego me telefonea.
Paso una hora placentera con Allendy.
Los dos últimos días han sido soberbios, un poco agobiada por las tareas que me he impuesto. Un poco envejecida por mi amor a lo eterno. Ya a mis trece años era vieja, cuando sentí por primera vez los horrores de la vida y empecé a hacer de madre de mis hermanos. Un punto de semejanza con Allendy es que él también a dado su vida a los demás. Fundamentalmente, yo todavía no vivo para mí misma. Lo que realmente quiero es abandonar a Hugo, a Madre, a Joaquín, a Allendy y a Eduardo, para entregarme a Henry y a la aventura. Y nunca lo haré. No haré con otros lo que hicieron conmigo, ¡nunca!.

(...) No es por casualidad que mis amores y amistades ocupen en mi vida un lugar tan inalterable e importante.
Todo esto que refiero, todos los lugares, personas e incidentes se convierten en algo como una aventura, como un viaje, cuando estoy tendida en la cama de Henry, con la cabeza de él eposando en mi pecho. Duerme pesada y pacíficamente, cogido a mi mano, y yo permanezco tendida, maravillada de mi contento, de mi sensación de haber llegado, de haber alcanzado el fin y el propósito de mis actividades. Me parece que aquí estoy en mi hogar, y eso me aterra, porque no sé si Henry cree en la misma finalidad, en este matrimonio. Quizá sólo sea una etapa de su vida. Pero se despierta y me doy cuenta de cómo se aferra a mí. Pero la vida me da pavor. Comprendo los temores de Allendy. Sigo amando demasiado, me aferro demasiado. Mi amor no pierde intensidad ni siquiera dispersándolo.

Anais Nin, Incesto: Diario Amoroso. Ed. Siruela, España, 1995.

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viernes, febrero 20, 2009

Hunter S. Thompson

Hunter S. Thompson
(EE.UU. 18 de julio de 1937- 20 de febrero de 2005)
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Hace cuatro años, Hunter S. Thompson le disparó a una de las mentes más lúcidas dentro del periodismo y la literatura norteamericana: la suya. Fue con una calibre 45, una Smith & Wesson semiautomática 645, con la que se voló los sesos mientras hablaba por teléfono con su compañera. Pero antes de morir, Dr. T. había planeado al detalle su funeral: pretendía una esfinge gigante de un puño con un peyote agarrado, el símbolo de su periodismo Gonzo, que escupiera a la noche del desierto sus cenizas con fuegos artificiales mientras sonara Mr. Tambourine Man. El funeral lo pagó su amigo Johnny Depp, quien encarnó a Thompson en la película Miedo y asco en Las Vegas, y quien también protagonizará The Rum Diary (ambas basadas en los libros homónimos de Thompson).
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Las cenizas de Thompson escupidas a lo gonzo en el desierto

Cuando lo leí por primera vez, me identifiqué mucho con su estilo, pues el mío ya en ese momento -aún sin saber de gonzos ni otros referentes- tendía a parecércele en el sentido de que quien contaba la crónica era parte de la historia que relataba. Me atrapó. Además, cuando empecé a conocer aspectos de su vida, le tomé cierto cariño. Hunter, escribía afilando su pluma, sacándole punta a sus ideas y vivencias; y cuando debía entregar algo en su trabajo, casi siempre lo hacía a último momento, pero siempre lo hacía bien. Viajó por varios países, incluyendo algunos de sudamérica; y se metió en más de un lío por decir lo que pensaba, el riesgo era una de sus drogas y no le gustaba que lo clasificaran en ningún grupo.

Tom Wolfe, quien también supo destripar con su pluma el sueño americano, escribió un artículo tras la muerta de Thompson, titulado Un amigo americano, en el que decía: "La vida de Hunter, como su obra, fue un alarido largo y salvaje, para usar la expresión de Whitman, de libertad y parodia –alimentada por las drogas– de todas las convenciones sociales que comenzaron en los ‘60. En esa empresa, Hunter fue algo completamente nuevo, algo único en nuestra historia literaria. Cuando incluí un fragmento de The Hell’s Angels en una antología de 1973 llamada El Nuevo Periodismo, él me dijo que no formaba parte de ningún grupo. Que él escribía a lo “gonzo”. Que era sui géneris. Y eso es lo que era.

Sin embargo, también fue parte de una tradición centenaria de las letras norteamericanas: la tradición de Mark Twain, Artemus Ward y Petroleum V. Nasby, escritores cómicos que le agregaron a la comedia humana un nuevo capítulo en la historia de Occidente, en particular, en la historia norteamericana, y escribieron de un modo que era parte periodismo y parte memorias personales, combinadas con los poderes de una invención salvaje y una retórica aún más salvaje inspirada por la bizarra exuberancia de una civilización joven. Ninguna categorización abarca esta nueva forma, excepto la palabra inventada por el propio Hunter Thompson: gonzo."

Otro elemento que me infundió confianza al descubrir a Thomspon fue Francis Scott Fitzgerald. Thompson se identificaba muchísimo con él. De hecho, en sus inicios solía leer El Gran Gatsby completo y en voz alta para captar la música de las palabras, el ritmo. Sin embargo, la diferencia entre Scott y Thompson, como bien lo describe Luis M. Alonso, es que el primero miraba en las vitrinas de las pastelerías y se detenía delante de las fachadas de las tiendas de los ricos, mientras que el segundo lo que quería era romper los escaparates. Por eso, el estilo gonzo fue una consecuencia precisamente de esa ansia por participar activamente en la historia que después iba a contar.
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¡A tu memoria querido Hunter!

jueves, febrero 19, 2009

El ojo de Henri Cartier- Bresson

FRANCE. Marseille. The Allée du Prado. 1932.
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SPAIN. Madrid. 1933. An unemployed man and his child.
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GREAT BRITAIN. England. London. Hyde Park in the grey drizzle. 1937.
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INDIA. Gujarat. Baroda (Vadodara). 1948. On the 39th birthday of the maharajah of Baroda, sugar-balls are distributed to the poor.
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MEXICO. Mexico City. Calle Cuauhtemoctzin. 1934.
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Fuente: Magnum Photos

miércoles, febrero 18, 2009

De Lucho Gatica, boleros y literatura

Cantando en Specs. Bruce en el piano
San Francisco
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Quien me conoce sabe que el bolero es un género que adoro. Quizá mi favorito a la hora de cantar. Cuánta pasión, cuánto desgarre, carajo. Crecí escuchándolo desde muy pequeña, y aprendí a reconocer con precisión a quién correspondía tal o cual voz. Que si Lucho Gatica, que si Olga Guillot, que si Antonio Machín, que si Omara Portuondo, que si Daniel Santos, que si José Feliciano; y, desde luego, nuestros queridos ecuatorianos: Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas y Patricia González, entre muchos otros. Algo que siempre agradeceré a mis padres.
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Algunas personas que me llevan unos cuantos años encima se sorprenden al ver cómo suelto títulos de canciones que incluso ni ellos recuerdan. Suelen decirme que es raro encontrar a una chica tan jóven que se apasione por este ritmo (en el colegio solía llevar mi walkman con grabaciones de boleros cuyas letras sacaba durante las clases de matemática); y que definitivamente la mayor parte de mi generación se inclina por otro tipo de géneros. -Pues ellos se lo pierden-, respondo. Lo que es yo, con el bolero me llevo muy bien. Siempre lo he dicho: Si hubo una vida pasada, definitivamente fui cantante de boleros en alguna cantina (o al menos ese fue uno de mis oficios). Por eso, entre tantos buenos recuerdos musicales que guardo de San Francisco -además del blues, del jazz y de uno que otro country de Loretta Lynn que solía cantarle a Mark en algún taxi de regreso a casa- está el bolero.
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Para mí fue una experiencia jodidamente buena el haber podido cantar frente a amigos y desonocidos aquellos boleros clásicos. Fue como liberar todas las ganas contenidas en mi garganta. Recuerdo que Mark, la noche en que nos conocimos en Caffe Trieste, luego de mi recital de poesía, fuimos a Tosca, uno de los bares de North Beach, cuyo dueño es uno de sus mejores amigos. Llegamos con el judío bohemio, pero mientras él se dedicaba a jugar billar, nosotros hablábamos de música. Le canté un par de estrofas de otros de mis favoritos: José Alfredo Jiménez y doña Chavela Vargas (a ese par nadie los destrona de las rancheras). Y de canto en canto -y como una especie de premonición de que esa sería una de las canciones de despedida en mi último día en Frisco- Mark me preguntó si sabía "El Reloj" de Lucho Gatica. -Ahhh -dije en mi mente- pero este sí que es un tipo extraño, no sólo dice ser policía sino que conoce a los duros del bolero. Al miércoles siguiente, Bruce, un pianista muy bueno de la ciudad, me propuso cantar junto a él. No le dije nada a Mark sino hasta cuando lo llamé al trabajo (es decir mientras caminaba por la zona) y le canté en vivo desde Specs. Qué noches aquellas. Todavía debe estar el eco de mi voz en aquellos rincones de madera, con letras de clásicos como: La Barca, Historia de un amor, Contigo aprendí, En un rincón del alma, Sabor a mí... en fin.
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Quiero compartir un fragmento de una entrevista que encontré por ahí, realizada hace un par de años al rey del bolero: el chileno Lucho Gatica. En ella el cantante habla sobre la influencia que ha tenido este género en la tradición narrativa latinoamericana. Hoy -que ando más blue de lo normal- me sienta bien escuchar unos cuantos boleros, directo a la yugular o con la vena abierta como decimos en mi tierra. Así que les dejo con el texto, mientras voy por algo más fuertecito, algo que me abrigue la garganta hasta que el cielo decida escampar.

El bolero en la narrativa latinoamericana

Lucho Gatica

"El primer bolero fechado -según la mitología bolerística- fue compuesto por Pepe Sánchez en 1885, en Santiago de Cuba, llamado "Tristeza". Así como a cierta narrativa (y cine norteamericano) le viene de perilla el jazz , a cierta narrativa latinoamericana le correspondería el bolero. Hay un correlato innegable entre novela y bolero en América Latina; lo que no es sólo rastreable en obras narrativas que dan cuenta temática o anecdótica del él, sino también en textos en que el bolero es el eje estructurador. Los más disímiles narradores latinoamericanos han titulado sus obras con alusiones bolerísticas o con la mismísima palabra bolero.

En "Tres Tristes Tigres" de Cabrera Infante, por ejemplo, el bolero es una referencia que le da sentido lúdico al relato, con el clásico enunciado capitular "ella cantaba boleros", a propósito de una intérprete mítica del género. En "La Traición de Rita Hayworth" de Puig, en cambio, el folletín y la entrega de información narrativa a través del sustrato radiofónico, al igual que en "La Tía Julia y El Escribidor" de Vargas Llosa, conforman una especie de voluntad programática que sería reeditada en otros proyectos narrativos; tanto de la vertiente nostálgica, en tanto configurador del espacio amoroso (Bryce Echenique), o como en las propuestas de género, en que la impostura de gesto y del maquillaje arman un tipo de crónica, como es el caso de Lemebel, que sin una explicitación estricta, lo instala como signo de la exacerbación del lugar común amoroso, afectado, que patenta la inversión sexual por el exceso y la sobre carga simbólica."

De Lucho Gatica: "El bolero es todo" Por: Marcelo Mellado. El Mercurio. 21, Noviembre 2007.

lunes, febrero 16, 2009

Entre el río de Heráclito y dos escenas de Leconte


Me despierto en la madrugada con una sola escena en mi mente, una de la película francesa de Patrice Leconte: El Marido de la Peluquera. Me martilla una y otra vez la última parte, secuencias y cortes palpitando en mi cabeza: la pareja follando mientras cae la tormenta; la desesperación en el rostro de ella; la música de un país lejano; el puente bajo el cual corre el agua endemoniada; y, finalmente, el salto. Todo se distorciona en un segundo. El salto. El puente. Su cara. La inmortalidad. Cuántas veces he sentido lo mismo, el instinto frente a la incertidumbre. Mejor marcharse para nunca ser olvidada. Blanco y negro. Afuera llueve. Y mi cama es el puente del río de Heráclito. Y yo es otra. Soy la chica del puente. Pero no aparece nadie que me diga que estoy a punto de cometer una estupidez. Soy la chica del puente. La paternier del tiempo. Y me cubro con la sábana. Pero no hay aplausos desués de las cuchillas. Soy valiente, y por eso lloro. Quisiera decir que lo hago por aquellos que no tienen lágrimas, por los que nunca las tuvieron. Por los que nacieron secos. Por los que no se atrevieron a saltar de sus propios puentes. Pero sería una mentira. Yo lloro para empapar mi cuerpo. Para ver que algo cae sobre mis sábanas, para saberme húmeda a pesar del barro en mi vientre. Lloro con descaro sobre el puente del río de Heráclito. Lloro porque soy valiente. Porque alguna vez me bañé en sus aguas. Lloro porque sé lo que se viene. Por eso doblo mis piernas. Y respiro con fuerza. Y tomo impulso. Y cuento hasta tres. Pero cuando estoy a punto de saltar, el río desaparece. Y, nuevamente, no me queda otro remedio que abrir los ojos.

sábado, febrero 14, 2009

7 jugadas en blanco y negro


A Mark Álvarez.

1

Llevo tacones
Y un cuervo escondido en mi vientre
Visto de blanco
Para camuflarme al otro lado del tablero.


2

La siguiente movida
Le corresponde al caballo blanco
El peón lo mira desafiante
El caballo permanece inmóvil
Puede comerlo, pero no lo hace
Sabe que detrás de esa mirada
Se esconde su reina.


3

Cuando las piezas están dispersas
El tablero es cama general
Se pierden las identidades
El rey queda desnudo
Las torres no son capaces
De escoltar a nadie.
.
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4

Sentado en la barra del Bar
El alfil quiere comerse a la reina
A tres sillas de distancia.
De nada le sirve moverse
De esquina a esquina.
Todo lo que necesita
Son dos pasos al frente
Y girar a la derecha.
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El alfil daría todo por ser caballo.


5
Sentado en la misma barra
El caballo piensa en la rapidez del alfil
Y en su incapacidad de usarla.


6

El caballo blanco es viejo
La reina negra es joven
El tiempo les hace jaque.


7
La reina se monta en el caballo
Y juntos abandonan el tablero
Jaque mate al tiempo.
.
De Va por cuenta del destino.
(inédito)
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miércoles, febrero 11, 2009

Sawari Raymi - Matrimonio indígena en Otavalo

En medio de las mujeres de Otavalo

Flauteros invitan a la comunidad a sanjuanear
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Tucui tutamai tushushun cumari
Pacarincapatushushun cunpari

Bailaremos toda la noche comadre,
Bailaremos hasta amanecer compadre.

Con varios compañeros de Tullpucuna y los novios

Subimos a la furgoneta a las 9 de la mañana. Hacía días que el sol no era tan generoso. Cuando el cielo está así de abierto significa que el día se alargará tanto que la noche no se sentirá; día y noche serán la misma dirección. Fuimos algunos compañeros del grupo de danza. Cerca de las 11 pudimos observar los cerritos y lagos de la provincia de Imbaura. Cada vez que ingreso a Otavalo, mis ojos oscuros se vuelven parcelas de granitos cultivados. A Otavalo sólo se puede entrar con el corazón abierto y los oídos limpios, porque en cualquier momento irrumpe el sonido del viento, el canto de la sampoña apoyada en los labios del runa.
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Íbamos en busca de alguna familia que existía, pero que no conocíamos; íbamos en busca de aquellas tradiciones que sólo sobreviven en la memoria de algún anciano, pero también de las otras, las que han cambiado o de las que siguen casi intactas. Caminamos entre puestos de wallkas (collares), tejidos y alpargatas, entre antiguedades e instrumentos andinos. Plaza de Ponchos, Plaza Copacabana, senderitos donde el indígena vende sus productos, mientras un grupo de gringos le toman una foto a una guagua mocosita que juguetea en el mercado central.

Queríamos que alguien nos hablara sobre el Sawari Raymi (el matrimonio indígena) que es una de las celebraciones más largas e importantes en su cultura. A diferencia de muchas bodas, la celebración indígena está llena de simbolismos que incluyen –quizá como ninguna otra- elementos relacionados directamente con la naturaleza, así como el respeto por los mayores y la solidaridad entre los miembros de la comunidad. No obstante, como parte de los efectos de la globalización, muchas de estas tradiciones han ido mutando o, en el peor de los casos, han desaparecido. En la actualidad, no es raro encontrar en alguna comunidad de Imbabura, por ejemplo, a un grupo de mariachis tocando en medio de la boda; la cerveza o el vino como bebida principal, en vez de las tradicionales puntas (aguardiente) y chicha de jora (bebida fermentada a base de maiz), y a los invitados tomando fotos a los novios con el teléfono celular para enviársela, en menos de un minuto, a algún familiar en Europa.

Los invitados llevan grandes cantidades de licor y cubetas de huevos

Las culturas tradicionales se ven cada vez más involucradas en procesos de interacción con las otras culturas de la nación y del mundo. Es decir, estas culturas tradicionales que, en gran medida, subsistieron hasta los años 50 por su escasa exposición al proceso de modernización se hallan ahora inmersas en un proceso cada vez más intenso y rápido de interacción con otras culturas modernas. En Ecuador, uno de los casos más representativos es el de la población de Otavalo, que al ser una de las más destacadas en cuanto a la movilidad de su cultura (música, danza, artesanías, vestimenta, idioma) por todo el mundo, es al mismo tiempo, una de las más expuestas a la mutación de sus ritos y tradiciones.

Mural en una de las plazas de Otavalo

Sawari Raymi. Queríamos que alguien nos hablase del Sawari Raymi, pero no conocíamos a nadie. Sentada, en uno de los puestos de tapices, una mujer teje con devoción. Se da cuenta de que la observo y se voltea. Lo primero que mira son mis collares. Son hermosos, me dice, de dónde son. Le explico que el primero me lo regaló Taruka, hecho con semillitas de San Pedro y guairuros (el ojo de la selva), y que el segundo me lo regaló una nativa norteamericana en el Pueblo Taos , en Nuevo México; se trata de maíces pintados de colores. La mujer lo toma entre sus manos arrugadas y bellas. Sonríe y dice algo en quichua que no logro entender, pero que siento. Siento lo que me quiere decir. Y le agradezco. En la otra esquina, cabrestos y cuerdas de colores yacen en el piso, esperando ser comprados. El dueño del pequeño negocio conversa con sus compadres. Yo aproveché que mis compañeros del grupo estaba comprando panes y frutas, para unirme a su conversación, me interesó cuando les escuché hablar de sus juegos de infancia. El sol pega directo en mi frente. Me siento en la vereda e improviso una especie de gorro con mi chompa. Hace calor, digo. Y en seguida, don Rafael acota: Tiene razón. Caería bien unas friecitas (refiriéndose a las cervezs). Sonrío.

A unos cuantos metros, se me ocurre preguntarle a un señor que arregla una de las cuerdas de su instrumento, si sabía de alguien que se casaría en el pueblo, ese mismo día. El señor asintió y nos envió directamente a otra plaza, donde me aseguró que cualquiera conocería a un tal José L. El hecho es que nunca encontramos al tal José L. pero terminamos siendo invitados al matrimonio de Antonio y Mayra. El contacto fue Luis Males, un muchacho al que llegamos por otra referencia que surgió en la misma plaza. Este matrimonio -según nos contó Luis- ya había comenzado hace dos o tres días, pero todavía quedaban como cuatro días más. Ahora mismo los invitados estarían llegando a la casa del novio, que quedaba en la comunidad San Juan Alto, así que tomamos nuestras mochilas, nos subimos en el balde de una camioneta y seguimos nuestro camino.

Músico y artesano de Otavalo

Con Luis Males, nuestro puentecito para poder ser parte del Sawari Raymi

Al llegar,vimos que familias enteras ingresaban con numerosas jabas de cerveza, gallinas vivas y cubetas de huevos. No quisimos entrar con las manos vacías, pero tampoco teníamos mucha plata, así que compramos varias gaseosas en una pequeña tienda (la única del sector). Los maizales inundaban el paisaje de un verde intenso. El sol seguía siendo generoso y las mazorcas se abrían tímididas para revelar el oro en grano. Caris y wuarmis, hombres y mujeres, ocupaban sus asientos, mientras nos deleitábamos con la elegancia de sus trajes. Los hombres vestían de blanco entero, y encima el poncho azul y sombrero de paño. Las mujeres con sus anacos y blusas bordadas, wuangos y falas tejidas, wallcas y aretes de oro. La emoción que sentí al ingresar es casi indescriptible. Fuerza y paz en sus rostros. Todos estaban sentados a la entrada principal, en la sala interior estaban los novios, acompañados de padres, padrinos y el ñaupador (persona que organiza la fiesta). Desde luego, los novios no nos concían, pero les deseamos lo mejor en su matrimonio, y creo que les caímos bien. Dijeron que no había problema, que nos quedemos. Las mujeres mayores reían desde un pequeño cuarto. Era la cocina, lo supe luego de pasar por ahí y observar las enormes pailas de bronce en el que se cocinaban los granos y la mazamorra, y se seguía fermentando la chicha.

Invitados llegando con obsequios

Al comienzo nos quedamos en la puerta, pero poco después, uno de los invitados me invitó amablemente a sentarme a su lado, y en seguida me presentó a su esposa. Luego de intercambiar unas cuantas palabras -casi sin darnos cuenta- conversamos como si fuesemos amigos de toda la vida; hablamos de la comunidad de San Juan Alto, de las fiestas de Otavalo, de sus hijos, de racismo, de los rituales perdidos. Me preguntó de dónde venía. De Kitu, respondí. Luego fui yo la que le pregunté si ha visitado mi ciudad últimamente. -Hace poco estuve allá -respondió-, pero sólo de paso, pues tuve que llegar al aereopuerto. ¿Aereopuerto? -pregunté,- ¿se fue de viaje?. A lo que sonriendo me respondió: -Ya me tocó contarle lo que hago. Normalmente no hablo de mí, pero.... -Si le molesta no hay problema-, dije enseguida. -No, claro que no, Carlita, algo me dice que no es la primera vez que vendrá a visitarnos. Está bien que nos conozcamos-, dijo. Y me contó su historia. Resultó ser Alfonso Cabascango músico y director de uno de los grupos musicales más importantes de Otavalo, y de nuestro país: Ñucanchi Ñan (Nuestro camino). Me alegré mucho. Alfonso es un tipo sencillo, que a pesar de haber viajado por todo el mundo (acababa de llegar de una gira por Europa), habla, piensa y se comporta con toda la sabiduría que sus abuelos le enseñaron. María es el nombre de su esposa, ella lo acompaña todo el tiempo, ya llevan más de 20 años juntos.

Con Alfonso Cabascango (músico y director de Ñucanchi Ñan)

Mientras conversamos un mariachi empieza a tocar. -Chuta, Alfonsito-, digo, me gustan las rancheras, pero en un matrimonio indígena, qué carajo tienen que ver? Alfonso se ríe, y me dice que es cierto, que antes eso era impensable. No hace mucho, toda la fiesta se batía a pura música en vivo-, me cuenta, puro violín y flautas, guitarras y bandolines. Y, desde luego, los cantos. Hay otros elementos que antes no había, continúa, por ejemplo, la novia usaba todo el tiempo su traje típico durante el Sawari Raymi; ahora usa un velo blanco luego de la ceremonia en la iglesia, pero ya sabe eso se debe a la influencia directamente mestiza y católica, concluye.

Por un momento, la mirada de Alfonso se pierde en uno de los sombreros de charro, y en un suspiro largo como su poncho, dice: “Es una pena que nuestras tradiciones en el Sawari se estén perdiendo. Ahora mismo la gente ya no tiene esa paciencia con la que se elaboraba todo el proceso desde el maqui mañai (pedido de mano) hasta el último día. Antes, por ejemplo, no podía faltar el baile de las sábanas entre padrinos y novios al ritmo de fandango. Todo eso, le da un sentido real y permite que el matrimonio inicie más fuerte, por eso antes no había separaciones. Hoy ya se ve eso por aquí. Tenemos que rescatar nuestros ritos. Ahora la gente ya prefiere sólo directo la fiesta. Pero la unión es algo sagrado y debemos celebrarla como tal, como ha venido siendo desde nuestros abuelos”. Apenas pronuncia la palabra "abuelos", los ojos de Alfonso saltan, como si volviesen a vivir, y ya no es el sombrero de mariachi lo que mira, sino mis ojos, y yo en los suyos puedo ver, clara y perfectamente, a sus abuelos.

De izquierda a derecha: María, Alfonsito, mama servicios y yo.

Un sawari raymi puede durar varios días e incluso varias semanas. Se come y bebe en grandes cantidades (GRANDES) y se danza todo el tiempo. Además de algunos rituales. Un sawari raymi básicamente sigue un orden cronológico, que, por días, podríamos resumirlo así:

Maqui mañai (petición de mano)
El novio va a la casa de la novia junto a sus padres y padrinos; llegan con canastas de comida (cuyes, gallinas, granos, frutas) e inician el diálogo con otros temas, luego se ofrecen una o dos botellas de licor. El novio le entrega al padre la prenda que el muchacho le quitó a su hija (es tradición que el novio quite la fachalina o el sombrero de una muchacha como signo de que se quiere casar con ella, si ella no exige que le devuelva significa que ella acepta). Los novios se sientan juntos en una estera luego de pedir la bendición a los mayores. En la noche del maqui mañai se fija la fecha de la boda y luego se brindan panes, plátanos huevos y botellas de licor. Generalmente el festejo dura todo el día.

Músicos de la comunidad de San Juan Alto, OtavaloCon una de las guaguas que estaban en la fiesta


Intercambio de aros y rosarios indígenas (palabreo)
Generalmente el matrimonio se realiza durante el tiempo de cosecha, ya que coincide con la época de abundancia de granos.

Maizales

El "intercambio de aros" es dirigido por el maestro de ceremonia o “taita matrimonio” -generalmente de mayor edad y que goza de mucho respeto en la comunidad-. Para ello se prepara una mesa con claveles rojos, con los cuales se forma una cruz de carrizo; dos rosarios indígenas y dos anillos. Todos los hombres se quitan los sombreros en señal de respeto, y acto seguido se ofrece la ceremonia del “palabreo” (que también se ha perdido). Finalmente, el taita matrimonio les aconseja a los nuevos esposos, con una entonación que se vuelve casi una declaración poética. Quienes más cantan son los padres, los abuelos y padrinos.En esta ceremonia –como en todas las demás- está presente la música. Uno de los instrumentos que destaca es sin duda el arpa.

La madre de la novia y la madrina, separan una parte de la comida, para repartir a los miembros de la comunidad, los mismos que serán invitados personalmente para compartir y acompañar la boda civil, eclesiástica y al ñawi millai (lavado de cara), en los próximos días.

Matrimonio Civil
Desde luego, esto es lo menos divertido de la celebración. Para cumplir con los requerimientos de la ley, el indígena se casa en el municipio. Acompañado de padres y padrinos. A la salida, se pasa por la chichería para “ambientarse un ratito”(ahí mejora el asunto), y cuando ya están listos para continuar la celebración, se dirigen a la casa de novio, donde llegarán los invitados para celebrara hasta el amanecer.

El ñaupador es el encargado de que todo en la fiesta salga correctamente. Existen dos paejas encargadas de recibir los regalos por parte de los invitados y de servir la comida: el "taita servicios" y su esposa (mama servicios). Así mismo se delegan más personas para repartir las bebidas, por lo general los hombres entregan el trago y las mujeres la chicha de jora.

Mama servicios brindándome chichita de jora
Comunidad Quichinche

Matrimonio eclesiástico

Este día es opcional, ya que originalmente el runa sólo hacía su ceremonia según sus creencias, es decir con la relación que tenía con la naturaleza, los cuatro elementos: agua, tierra, aire, fuego. La ceremonia ecleciástica vino muchísimo, pero muchísimo, después, tras la conquista española y la imposición de la religión católica en nuestros pueblos, y, en consecuencia, la adopción posterior de dicha religión en gran parte de la cultura indígena.
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Al siguiente día, muy temprano en la mañana, los flautistas anuncian que es la hora de ir a la iglesia. Luego de congregarse y sanjuanear por largo rato, con los novios en el centro del círculo, todos caminan hacia la plaza central: pendoneros, familiares y amigos, formando una fila que escolta a los novios, al son de quenas, flautas y bandolines.

Fue justamente este el día en que llegamos. Fuimos directamente a la casa del novio. Comimos cuatr platos de comida. Me gustó particularmente el tradicional cucabi, pues era la primera vez que lo comía. Se trataba de la mezcla de todos los granos que se da en la región: tostado, mote, habas, lentejas, frejol, y se le añadían papas picadas. Comíamos en tarrinas de plástico. Nadie sobraba nada, no sólo porque la comida estaba deliciosa, sino porque ese era el plato para todo lo demás. El caldo de gallina, el arroz con doble chuleta, etc, etc. Luego de unos cuantos bajativos (cerveza-chicha-vino-cerveza-puntas....), nos pusimos a bailar. En un momento dado, mis compañeros y yo estábamos en la mitad del círculo, con los novios. Parecía que estábamos más alegres que la misma familia, ya todos estábamos en cofianza. Qué manera de beber. Pero ni rastro de borrachera, y es lógico, con tanta y tanta comida, la resistencia es soprendente. Los taitas servicios bailaban de rato en rato con nosotros, uno de ellos me colocó un sombrero de paño y otro gritaba: Qué viva Kitu, Qué viva tullpucuna, y yo gritaba Qué vivan los novios,y qué viva Otavalo, carajo! pero las horas pasaban. Se suponía que regresaríamos en seguida. Mis compañeras dijeron que ellas sí pensaban regresarse pues no tenían donde quedarse a dormir, a lo que respondí: ¿En verdad piensan dormir?, y luego traté de convencerlas de que se quedaran. Les dije que al siguiente día vendría lo mejor: el lavado de cara cerca de la casa de la novia, un ritual precioso en otra comunidad cercana: Ichinche. Además Alfonsito ofreció su casa para que todos podamos dormir allí. Claro que él sí que ya estaba más allá que acá. Y en un momento dado, lo perdimos de vista. Entonces apareció Laurentino, otro familiar de la novia. Laurentino nos cayó muy bien, y también nos ofreció su casa. Además terminó invitándonos a su matrimonio que será a mediados de abril. Él decía que su celebración iba a ser autóctona, al menos eso es lo que él deseaba, hacerlo de verdad verdad, sin nada de curas ni cemento, lo quería hacer alrededor del fuego, a puro canto en quichua. El problema ahí era que su pareja sí quería una boda más moderna. Al final sólo tres compañeros durmieron en su casa. Yo no pegué un ojo hasta el siguiente día, no fue broma cuando dije que cuando el cielo se abre de esa manera era señal de que el día y la noche serán una sola dirección. Todavía tengo el canto del Juyayay en mis oídos.

Laurentino (con la botella) y su familia


Ñawi millai (lavado de cara)
Al siguiente día, muy temprano en la mañana, apareció Alfonsito renovado. Llegó con otros músicos tocando y cantando. Yo me sorprendí al ver como -conforme iban llegando- la gente me saludaba. Alli punlla, Carlita, me decían. Y yo respondía ¡Buenos días!. -¿Y sus amigas?, preguntaban. -Ya se regresaron a Kitu. De las mujeres sólo quedo yo. -Entonces es una guerrera, gritó uno de los músicos. La mama servicios calentó el desayuno: caldo de gallina y un huevo cocido, lo mejor para recobrar fuerzas y dejar a un lado la resaca (ahí entendí porqué los invitados traían cientos de huevos).

Mientras comíamos, los taitas servicios preparaban todo para el ñawi millai. El Ñawi millai consiste en lavar las manos, los pies y la cara del novio y la novia; y luego de los padres, padrinos y demás familiares que quieran hacerlo. En el agua depositan pétalos de rosas y ortiga, como señal de purificación. Al terminar el baño se bota a la gente el agua que sobra en los valdes. Y los alcaldes entregan a los novios unas nuevas cruces de carrizo, esta vez incrustadas claveles rojos y blancos; y en el centro: ortiga. Al tomar la foto que sigue a continuación, me arrodillé y sin darme cuenta me ortigué. Sentí que se me anestesiaban las piernas, pero uno de los taitas me dijo que eso era bueno, la ortiga es buena para la circulación. Así que decidí aguantarme en nombre de la sangre. Al final recibí un obsequío: uno de los carrizos preparados con claveles y ortiga.

Luego de comer los músicos convocan con sus instrumentos a más gente para que se unan y acompañen a la casa de la novia. Ahí nos esperaba el doble de invitados que el día anterior. Todos formaron un círculo y empezaron a sanjuanear. El ñaupador y Alfonsito me invitaron a bailar en el círculo. En el círculo habían sólo indígenas. Para mí fue un honor.

El alcalde o ñaupador, suele llevar un carrizo largo que contiene “puntas” (aguardiente), y mientras se baila él va ofreciendo, primero a los novios y luego a padres, padrinos, taitas y mamas servicios e invitados que conforman el círculo.

Luego, todos embarcamos un bus y nos dirigimos a la comunidad de Ichinche, a pocos kilómetro de ahí. Ibamos al ritual del lavado de cara, y luego a seguir la fiesta, esta vez, en casa de la novia.

En la primera fila, los novios. Atrás, comuneros de Quichinche, Otavalo.

Luego del lavado de cara y la purificación, nuevamente se sanjuanea con los novios, y se va ingresando a la casa de la novia. Donde al igual que el día anterior, se come y bebe en grandes cantidades, y, desde luego, se baila hasta el amanecer.

Yayakunapa Punlla (día de los padrinos)
A pesar de que el día de los padrinos es de suma importancia en el Sawari Raymi, cada vez ha ido perdiendo espacio como celebración. Tradicionalmente el día de los padrinos se lo realizaba aparte, sin embargo también es válido que se lo realice el día del ñawi millai. Por otra parte, existen familias que realizan el día de los taitas servicios, que generalmente siguen los mismos pasos, comida, bebida, baile y cantos hasta el amanecer. En el yayakunapa punlla, la fiesta se lleva a cabo en casa de los padrinos. Ahí se entregan los obsequios a los recién casados, y se les viste de pies a cabeza, en algún lugar público.

La madrina viste a la novia

Sin embargo, lo que distingue al yayakunapa punlla, de los demás días, es la celebración de una de las tradiciones más antiguas, que lamentablemente también se ha perdido en la mayoría de los casos: el fandango y el baile bajo las sábanas. En el yayakunapa punlla también se suele aprovechar para recordarles a los recién casados el mandato indígena: Ama quilla, Ama llulla, Ama shua (No robar, no mentir, no ser ocioso). Luego de los consejos, familiares y amigos felicitan a los novios y el Sawari continúa hasta el amanecer, cuando el sol vuelva a ser generoso y las mazorcas de oro en grano brillen en los ojos de los novios, el brillo de un camino que apenas comienza.

De Diario de una viajera andina (Inédito)

martes, febrero 10, 2009

Arthur Miller y Bertolt Brecht (fragmentos)

(EE.UU. 17 de octubre 1915 -10 de febrero 2005)

WILLY-(Pensativo.) Trabajó uno toda la vida para comprar una casa, y cuando, por fin, la casa es ya de uno... no hay quien la viva.
LINDA-¿Y qué le vas a hacer? Así son las cosas. Y la vida sigue su camino.
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Arthur Miller, Muerte de un viajante, Tusquets, Barcelona, 2005.

Bertolt Brecht

(Alemania, 10 de febrero, 1898- 4 de agosto, 1956)

Lo viejo nuevo
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Un discípulo dijo a Me—ti: «Lo que enseñas no es nuevo. Lo mismo han enseñado Ka—meh y Mi—en—leh y muchísimos otros.» Me—ti respondió: «Lo enseño porque es viejo, es decir, porque podrían olvidarlo y considerarlo válido sólo para tiempos pasados. ¿No hay acaso muchísima gente para la que es totalmente nuevo?» Sólo veo manuales que contienen información sobre la filosofía y la moral de los círculos más selectos. ¿Por qué no hacen manuales sobre las comilonas y demás comodidades desconocidas de las clases bajas? ¡Como si éstas sólo ignorasen quién fue Kant! Es triste que mucha gente no haya visto las pirámides, pero más angustioso me parece que aún no haya visto un filete en salsa de champiñones. Una simple descripción de los distintos tipos de queso, clara y expresiva, o bien la evocación artística de una auténtica tortilla, tendrían sin duda un efecto formativo.
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Bertolt Brecht, Me—Ti Libro de los Cambios y Diálogos de refugiados. Alianza Editorial,1991.
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¡Salud!, a la memoria de estos dos grandes dramaturgos.