miércoles, febrero 11, 2009

Sawari Raymi - Matrimonio indígena en Otavalo

En medio de las mujeres de Otavalo

Flauteros invitan a la comunidad a sanjuanear
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Tucui tutamai tushushun cumari
Pacarincapatushushun cunpari

Bailaremos toda la noche comadre,
Bailaremos hasta amanecer compadre.

Con varios compañeros de Tullpucuna y los novios

Subimos a la furgoneta a las 9 de la mañana. Hacía días que el sol no era tan generoso. Cuando el cielo está así de abierto significa que el día se alargará tanto que la noche no se sentirá; día y noche serán la misma dirección. Fuimos algunos compañeros del grupo de danza. Cerca de las 11 pudimos observar los cerritos y lagos de la provincia de Imbaura. Cada vez que ingreso a Otavalo, mis ojos oscuros se vuelven parcelas de granitos cultivados. A Otavalo sólo se puede entrar con el corazón abierto y los oídos limpios, porque en cualquier momento irrumpe el sonido del viento, el canto de la sampoña apoyada en los labios del runa.
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Íbamos en busca de alguna familia que existía, pero que no conocíamos; íbamos en busca de aquellas tradiciones que sólo sobreviven en la memoria de algún anciano, pero también de las otras, las que han cambiado o de las que siguen casi intactas. Caminamos entre puestos de wallkas (collares), tejidos y alpargatas, entre antiguedades e instrumentos andinos. Plaza de Ponchos, Plaza Copacabana, senderitos donde el indígena vende sus productos, mientras un grupo de gringos le toman una foto a una guagua mocosita que juguetea en el mercado central.

Queríamos que alguien nos hablara sobre el Sawari Raymi (el matrimonio indígena) que es una de las celebraciones más largas e importantes en su cultura. A diferencia de muchas bodas, la celebración indígena está llena de simbolismos que incluyen –quizá como ninguna otra- elementos relacionados directamente con la naturaleza, así como el respeto por los mayores y la solidaridad entre los miembros de la comunidad. No obstante, como parte de los efectos de la globalización, muchas de estas tradiciones han ido mutando o, en el peor de los casos, han desaparecido. En la actualidad, no es raro encontrar en alguna comunidad de Imbabura, por ejemplo, a un grupo de mariachis tocando en medio de la boda; la cerveza o el vino como bebida principal, en vez de las tradicionales puntas (aguardiente) y chicha de jora (bebida fermentada a base de maiz), y a los invitados tomando fotos a los novios con el teléfono celular para enviársela, en menos de un minuto, a algún familiar en Europa.

Los invitados llevan grandes cantidades de licor y cubetas de huevos

Las culturas tradicionales se ven cada vez más involucradas en procesos de interacción con las otras culturas de la nación y del mundo. Es decir, estas culturas tradicionales que, en gran medida, subsistieron hasta los años 50 por su escasa exposición al proceso de modernización se hallan ahora inmersas en un proceso cada vez más intenso y rápido de interacción con otras culturas modernas. En Ecuador, uno de los casos más representativos es el de la población de Otavalo, que al ser una de las más destacadas en cuanto a la movilidad de su cultura (música, danza, artesanías, vestimenta, idioma) por todo el mundo, es al mismo tiempo, una de las más expuestas a la mutación de sus ritos y tradiciones.

Mural en una de las plazas de Otavalo

Sawari Raymi. Queríamos que alguien nos hablase del Sawari Raymi, pero no conocíamos a nadie. Sentada, en uno de los puestos de tapices, una mujer teje con devoción. Se da cuenta de que la observo y se voltea. Lo primero que mira son mis collares. Son hermosos, me dice, de dónde son. Le explico que el primero me lo regaló Taruka, hecho con semillitas de San Pedro y guairuros (el ojo de la selva), y que el segundo me lo regaló una nativa norteamericana en el Pueblo Taos , en Nuevo México; se trata de maíces pintados de colores. La mujer lo toma entre sus manos arrugadas y bellas. Sonríe y dice algo en quichua que no logro entender, pero que siento. Siento lo que me quiere decir. Y le agradezco. En la otra esquina, cabrestos y cuerdas de colores yacen en el piso, esperando ser comprados. El dueño del pequeño negocio conversa con sus compadres. Yo aproveché que mis compañeros del grupo estaba comprando panes y frutas, para unirme a su conversación, me interesó cuando les escuché hablar de sus juegos de infancia. El sol pega directo en mi frente. Me siento en la vereda e improviso una especie de gorro con mi chompa. Hace calor, digo. Y en seguida, don Rafael acota: Tiene razón. Caería bien unas friecitas (refiriéndose a las cervezs). Sonrío.

A unos cuantos metros, se me ocurre preguntarle a un señor que arregla una de las cuerdas de su instrumento, si sabía de alguien que se casaría en el pueblo, ese mismo día. El señor asintió y nos envió directamente a otra plaza, donde me aseguró que cualquiera conocería a un tal José L. El hecho es que nunca encontramos al tal José L. pero terminamos siendo invitados al matrimonio de Antonio y Mayra. El contacto fue Luis Males, un muchacho al que llegamos por otra referencia que surgió en la misma plaza. Este matrimonio -según nos contó Luis- ya había comenzado hace dos o tres días, pero todavía quedaban como cuatro días más. Ahora mismo los invitados estarían llegando a la casa del novio, que quedaba en la comunidad San Juan Alto, así que tomamos nuestras mochilas, nos subimos en el balde de una camioneta y seguimos nuestro camino.

Músico y artesano de Otavalo

Con Luis Males, nuestro puentecito para poder ser parte del Sawari Raymi

Al llegar,vimos que familias enteras ingresaban con numerosas jabas de cerveza, gallinas vivas y cubetas de huevos. No quisimos entrar con las manos vacías, pero tampoco teníamos mucha plata, así que compramos varias gaseosas en una pequeña tienda (la única del sector). Los maizales inundaban el paisaje de un verde intenso. El sol seguía siendo generoso y las mazorcas se abrían tímididas para revelar el oro en grano. Caris y wuarmis, hombres y mujeres, ocupaban sus asientos, mientras nos deleitábamos con la elegancia de sus trajes. Los hombres vestían de blanco entero, y encima el poncho azul y sombrero de paño. Las mujeres con sus anacos y blusas bordadas, wuangos y falas tejidas, wallcas y aretes de oro. La emoción que sentí al ingresar es casi indescriptible. Fuerza y paz en sus rostros. Todos estaban sentados a la entrada principal, en la sala interior estaban los novios, acompañados de padres, padrinos y el ñaupador (persona que organiza la fiesta). Desde luego, los novios no nos concían, pero les deseamos lo mejor en su matrimonio, y creo que les caímos bien. Dijeron que no había problema, que nos quedemos. Las mujeres mayores reían desde un pequeño cuarto. Era la cocina, lo supe luego de pasar por ahí y observar las enormes pailas de bronce en el que se cocinaban los granos y la mazamorra, y se seguía fermentando la chicha.

Invitados llegando con obsequios

Al comienzo nos quedamos en la puerta, pero poco después, uno de los invitados me invitó amablemente a sentarme a su lado, y en seguida me presentó a su esposa. Luego de intercambiar unas cuantas palabras -casi sin darnos cuenta- conversamos como si fuesemos amigos de toda la vida; hablamos de la comunidad de San Juan Alto, de las fiestas de Otavalo, de sus hijos, de racismo, de los rituales perdidos. Me preguntó de dónde venía. De Kitu, respondí. Luego fui yo la que le pregunté si ha visitado mi ciudad últimamente. -Hace poco estuve allá -respondió-, pero sólo de paso, pues tuve que llegar al aereopuerto. ¿Aereopuerto? -pregunté,- ¿se fue de viaje?. A lo que sonriendo me respondió: -Ya me tocó contarle lo que hago. Normalmente no hablo de mí, pero.... -Si le molesta no hay problema-, dije enseguida. -No, claro que no, Carlita, algo me dice que no es la primera vez que vendrá a visitarnos. Está bien que nos conozcamos-, dijo. Y me contó su historia. Resultó ser Alfonso Cabascango músico y director de uno de los grupos musicales más importantes de Otavalo, y de nuestro país: Ñucanchi Ñan (Nuestro camino). Me alegré mucho. Alfonso es un tipo sencillo, que a pesar de haber viajado por todo el mundo (acababa de llegar de una gira por Europa), habla, piensa y se comporta con toda la sabiduría que sus abuelos le enseñaron. María es el nombre de su esposa, ella lo acompaña todo el tiempo, ya llevan más de 20 años juntos.

Con Alfonso Cabascango (músico y director de Ñucanchi Ñan)

Mientras conversamos un mariachi empieza a tocar. -Chuta, Alfonsito-, digo, me gustan las rancheras, pero en un matrimonio indígena, qué carajo tienen que ver? Alfonso se ríe, y me dice que es cierto, que antes eso era impensable. No hace mucho, toda la fiesta se batía a pura música en vivo-, me cuenta, puro violín y flautas, guitarras y bandolines. Y, desde luego, los cantos. Hay otros elementos que antes no había, continúa, por ejemplo, la novia usaba todo el tiempo su traje típico durante el Sawari Raymi; ahora usa un velo blanco luego de la ceremonia en la iglesia, pero ya sabe eso se debe a la influencia directamente mestiza y católica, concluye.

Por un momento, la mirada de Alfonso se pierde en uno de los sombreros de charro, y en un suspiro largo como su poncho, dice: “Es una pena que nuestras tradiciones en el Sawari se estén perdiendo. Ahora mismo la gente ya no tiene esa paciencia con la que se elaboraba todo el proceso desde el maqui mañai (pedido de mano) hasta el último día. Antes, por ejemplo, no podía faltar el baile de las sábanas entre padrinos y novios al ritmo de fandango. Todo eso, le da un sentido real y permite que el matrimonio inicie más fuerte, por eso antes no había separaciones. Hoy ya se ve eso por aquí. Tenemos que rescatar nuestros ritos. Ahora la gente ya prefiere sólo directo la fiesta. Pero la unión es algo sagrado y debemos celebrarla como tal, como ha venido siendo desde nuestros abuelos”. Apenas pronuncia la palabra "abuelos", los ojos de Alfonso saltan, como si volviesen a vivir, y ya no es el sombrero de mariachi lo que mira, sino mis ojos, y yo en los suyos puedo ver, clara y perfectamente, a sus abuelos.

De izquierda a derecha: María, Alfonsito, mama servicios y yo.

Un sawari raymi puede durar varios días e incluso varias semanas. Se come y bebe en grandes cantidades (GRANDES) y se danza todo el tiempo. Además de algunos rituales. Un sawari raymi básicamente sigue un orden cronológico, que, por días, podríamos resumirlo así:

Maqui mañai (petición de mano)
El novio va a la casa de la novia junto a sus padres y padrinos; llegan con canastas de comida (cuyes, gallinas, granos, frutas) e inician el diálogo con otros temas, luego se ofrecen una o dos botellas de licor. El novio le entrega al padre la prenda que el muchacho le quitó a su hija (es tradición que el novio quite la fachalina o el sombrero de una muchacha como signo de que se quiere casar con ella, si ella no exige que le devuelva significa que ella acepta). Los novios se sientan juntos en una estera luego de pedir la bendición a los mayores. En la noche del maqui mañai se fija la fecha de la boda y luego se brindan panes, plátanos huevos y botellas de licor. Generalmente el festejo dura todo el día.

Músicos de la comunidad de San Juan Alto, OtavaloCon una de las guaguas que estaban en la fiesta


Intercambio de aros y rosarios indígenas (palabreo)
Generalmente el matrimonio se realiza durante el tiempo de cosecha, ya que coincide con la época de abundancia de granos.

Maizales

El "intercambio de aros" es dirigido por el maestro de ceremonia o “taita matrimonio” -generalmente de mayor edad y que goza de mucho respeto en la comunidad-. Para ello se prepara una mesa con claveles rojos, con los cuales se forma una cruz de carrizo; dos rosarios indígenas y dos anillos. Todos los hombres se quitan los sombreros en señal de respeto, y acto seguido se ofrece la ceremonia del “palabreo” (que también se ha perdido). Finalmente, el taita matrimonio les aconseja a los nuevos esposos, con una entonación que se vuelve casi una declaración poética. Quienes más cantan son los padres, los abuelos y padrinos.En esta ceremonia –como en todas las demás- está presente la música. Uno de los instrumentos que destaca es sin duda el arpa.

La madre de la novia y la madrina, separan una parte de la comida, para repartir a los miembros de la comunidad, los mismos que serán invitados personalmente para compartir y acompañar la boda civil, eclesiástica y al ñawi millai (lavado de cara), en los próximos días.

Matrimonio Civil
Desde luego, esto es lo menos divertido de la celebración. Para cumplir con los requerimientos de la ley, el indígena se casa en el municipio. Acompañado de padres y padrinos. A la salida, se pasa por la chichería para “ambientarse un ratito”(ahí mejora el asunto), y cuando ya están listos para continuar la celebración, se dirigen a la casa de novio, donde llegarán los invitados para celebrara hasta el amanecer.

El ñaupador es el encargado de que todo en la fiesta salga correctamente. Existen dos paejas encargadas de recibir los regalos por parte de los invitados y de servir la comida: el "taita servicios" y su esposa (mama servicios). Así mismo se delegan más personas para repartir las bebidas, por lo general los hombres entregan el trago y las mujeres la chicha de jora.

Mama servicios brindándome chichita de jora
Comunidad Quichinche

Matrimonio eclesiástico

Este día es opcional, ya que originalmente el runa sólo hacía su ceremonia según sus creencias, es decir con la relación que tenía con la naturaleza, los cuatro elementos: agua, tierra, aire, fuego. La ceremonia ecleciástica vino muchísimo, pero muchísimo, después, tras la conquista española y la imposición de la religión católica en nuestros pueblos, y, en consecuencia, la adopción posterior de dicha religión en gran parte de la cultura indígena.
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Al siguiente día, muy temprano en la mañana, los flautistas anuncian que es la hora de ir a la iglesia. Luego de congregarse y sanjuanear por largo rato, con los novios en el centro del círculo, todos caminan hacia la plaza central: pendoneros, familiares y amigos, formando una fila que escolta a los novios, al son de quenas, flautas y bandolines.

Fue justamente este el día en que llegamos. Fuimos directamente a la casa del novio. Comimos cuatr platos de comida. Me gustó particularmente el tradicional cucabi, pues era la primera vez que lo comía. Se trataba de la mezcla de todos los granos que se da en la región: tostado, mote, habas, lentejas, frejol, y se le añadían papas picadas. Comíamos en tarrinas de plástico. Nadie sobraba nada, no sólo porque la comida estaba deliciosa, sino porque ese era el plato para todo lo demás. El caldo de gallina, el arroz con doble chuleta, etc, etc. Luego de unos cuantos bajativos (cerveza-chicha-vino-cerveza-puntas....), nos pusimos a bailar. En un momento dado, mis compañeros y yo estábamos en la mitad del círculo, con los novios. Parecía que estábamos más alegres que la misma familia, ya todos estábamos en cofianza. Qué manera de beber. Pero ni rastro de borrachera, y es lógico, con tanta y tanta comida, la resistencia es soprendente. Los taitas servicios bailaban de rato en rato con nosotros, uno de ellos me colocó un sombrero de paño y otro gritaba: Qué viva Kitu, Qué viva tullpucuna, y yo gritaba Qué vivan los novios,y qué viva Otavalo, carajo! pero las horas pasaban. Se suponía que regresaríamos en seguida. Mis compañeras dijeron que ellas sí pensaban regresarse pues no tenían donde quedarse a dormir, a lo que respondí: ¿En verdad piensan dormir?, y luego traté de convencerlas de que se quedaran. Les dije que al siguiente día vendría lo mejor: el lavado de cara cerca de la casa de la novia, un ritual precioso en otra comunidad cercana: Ichinche. Además Alfonsito ofreció su casa para que todos podamos dormir allí. Claro que él sí que ya estaba más allá que acá. Y en un momento dado, lo perdimos de vista. Entonces apareció Laurentino, otro familiar de la novia. Laurentino nos cayó muy bien, y también nos ofreció su casa. Además terminó invitándonos a su matrimonio que será a mediados de abril. Él decía que su celebración iba a ser autóctona, al menos eso es lo que él deseaba, hacerlo de verdad verdad, sin nada de curas ni cemento, lo quería hacer alrededor del fuego, a puro canto en quichua. El problema ahí era que su pareja sí quería una boda más moderna. Al final sólo tres compañeros durmieron en su casa. Yo no pegué un ojo hasta el siguiente día, no fue broma cuando dije que cuando el cielo se abre de esa manera era señal de que el día y la noche serán una sola dirección. Todavía tengo el canto del Juyayay en mis oídos.

Laurentino (con la botella) y su familia


Ñawi millai (lavado de cara)
Al siguiente día, muy temprano en la mañana, apareció Alfonsito renovado. Llegó con otros músicos tocando y cantando. Yo me sorprendí al ver como -conforme iban llegando- la gente me saludaba. Alli punlla, Carlita, me decían. Y yo respondía ¡Buenos días!. -¿Y sus amigas?, preguntaban. -Ya se regresaron a Kitu. De las mujeres sólo quedo yo. -Entonces es una guerrera, gritó uno de los músicos. La mama servicios calentó el desayuno: caldo de gallina y un huevo cocido, lo mejor para recobrar fuerzas y dejar a un lado la resaca (ahí entendí porqué los invitados traían cientos de huevos).

Mientras comíamos, los taitas servicios preparaban todo para el ñawi millai. El Ñawi millai consiste en lavar las manos, los pies y la cara del novio y la novia; y luego de los padres, padrinos y demás familiares que quieran hacerlo. En el agua depositan pétalos de rosas y ortiga, como señal de purificación. Al terminar el baño se bota a la gente el agua que sobra en los valdes. Y los alcaldes entregan a los novios unas nuevas cruces de carrizo, esta vez incrustadas claveles rojos y blancos; y en el centro: ortiga. Al tomar la foto que sigue a continuación, me arrodillé y sin darme cuenta me ortigué. Sentí que se me anestesiaban las piernas, pero uno de los taitas me dijo que eso era bueno, la ortiga es buena para la circulación. Así que decidí aguantarme en nombre de la sangre. Al final recibí un obsequío: uno de los carrizos preparados con claveles y ortiga.

Luego de comer los músicos convocan con sus instrumentos a más gente para que se unan y acompañen a la casa de la novia. Ahí nos esperaba el doble de invitados que el día anterior. Todos formaron un círculo y empezaron a sanjuanear. El ñaupador y Alfonsito me invitaron a bailar en el círculo. En el círculo habían sólo indígenas. Para mí fue un honor.

El alcalde o ñaupador, suele llevar un carrizo largo que contiene “puntas” (aguardiente), y mientras se baila él va ofreciendo, primero a los novios y luego a padres, padrinos, taitas y mamas servicios e invitados que conforman el círculo.

Luego, todos embarcamos un bus y nos dirigimos a la comunidad de Ichinche, a pocos kilómetro de ahí. Ibamos al ritual del lavado de cara, y luego a seguir la fiesta, esta vez, en casa de la novia.

En la primera fila, los novios. Atrás, comuneros de Quichinche, Otavalo.

Luego del lavado de cara y la purificación, nuevamente se sanjuanea con los novios, y se va ingresando a la casa de la novia. Donde al igual que el día anterior, se come y bebe en grandes cantidades, y, desde luego, se baila hasta el amanecer.

Yayakunapa Punlla (día de los padrinos)
A pesar de que el día de los padrinos es de suma importancia en el Sawari Raymi, cada vez ha ido perdiendo espacio como celebración. Tradicionalmente el día de los padrinos se lo realizaba aparte, sin embargo también es válido que se lo realice el día del ñawi millai. Por otra parte, existen familias que realizan el día de los taitas servicios, que generalmente siguen los mismos pasos, comida, bebida, baile y cantos hasta el amanecer. En el yayakunapa punlla, la fiesta se lleva a cabo en casa de los padrinos. Ahí se entregan los obsequios a los recién casados, y se les viste de pies a cabeza, en algún lugar público.

La madrina viste a la novia

Sin embargo, lo que distingue al yayakunapa punlla, de los demás días, es la celebración de una de las tradiciones más antiguas, que lamentablemente también se ha perdido en la mayoría de los casos: el fandango y el baile bajo las sábanas. En el yayakunapa punlla también se suele aprovechar para recordarles a los recién casados el mandato indígena: Ama quilla, Ama llulla, Ama shua (No robar, no mentir, no ser ocioso). Luego de los consejos, familiares y amigos felicitan a los novios y el Sawari continúa hasta el amanecer, cuando el sol vuelva a ser generoso y las mazorcas de oro en grano brillen en los ojos de los novios, el brillo de un camino que apenas comienza.

De Diario de una viajera andina (Inédito)

11 comentarios:

Ana María Espinosa dijo...

Hola Carla:
Impresionante reportaje de tu corazón viajero.

Bea dijo...

Carla, que crónica maravillosa, leerlo es casi como estar viviéndolo

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Ana María, Bienvenida. Me alegra que te haya gustado, y sobretodo, haberte mostrado apenas algo de una de las cultura más bellas que esxisten. Abrazo andino.

...ya visitaré tu espacio :)

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Bea,

Gracias por tomarte el tiempo para leerlo completo. Espero que algún día puedas escuchar los sonidos de los que hablo, los Andes emiten un silbido especial,único.
Abrazo desde Kitu.

Gus dijo...

Interesante y emotiva coincidencia encontrar un minicioso y apasionado relato del "Sawari Raymi" justo días después de haber sido el co protagonista de una ceremonia de igual significado y contenido pero con matices totalmente diferentes, lejos de las montañas y el sonido del viento transformado en melodía a través de una quena y muy cerca del Atlántico y el sonido del berimbau.

Un abrazo ñaña tullpu...

Gus

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Gus Gus,

ñañito tullpu, Qué hermosa sorpresa que hayas dejado tu huella. Pues sí, qué coincidencia, yo hablando del sawari raymi, en la tierrita del norte, y tú contándome de otra unión por tierras brasileñas. No te pierdas que te extraños mucho los tullpus y yo. Saludos a Vivi y besos a ese pequeño/a que viene en camino.

sinchi, sinchi, mashi. Juyayay!

pd: tengo entre ceja y ceja Bolvia y Perú, esa, desde luego, es una ruta pendiente. :)

jocalouri dijo...

Un gran reportaje, Carla. Es muy emocionante tu descripción de esas costumbres ancestrales, el cariño que sientes por tu tierra y su gente.

Hace unos días unos amigos me invitaban a acompañarles en su viaje a Perú, de aquí a un par de años. A ver si consigo convencerles de que, ya de puestos, habría que hacer un gran viaje por Sudamérica. Ir a Bolivia, al menos, es innegociable.

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Jorge:

Gracias. Tú lo has dicho, el cariño, admiración y respeto que siento por la cultura andina, mi cultura, es inmenso.

Y en cuanto a la posibilidad de algún día viajar a Sudamérica, me parece que harías uno de los viajes más bellos; que, de llegarlo a realizar sería un pecado no visitar mi tierra, aquí en la mitad del mundo. Y quién sabe, y si deseas, hasta te puedo ayudar en tu ruta.

Abrazo andino.

Revista Runakuna dijo...

Pasando a los tiempos por aca Carla. Me parecio que el texto referente al Sawarina esta muy bien logrado, solo que he encontrado algunos errorcitos que no afectan al espiritu del mismo.
Por ejemplo: la comunidad es Quichinche no Ichinche. El subtitulo Yayakunapa Cunlla parece estar mal escrito la segunda palabra, deberia ser Puncha o Punlla que significa día. Bueno y que las fiestas duran dias eso es verdad. Hoy los festejos duran casi generalmente tres dias (un dia en casa del novio, de la novia y de los padrinos, tres en total) eso de que pudieran durar semanas me parece que en estos tiempos carecen de realidad absoluta, bueno al menos no puedo dar fe de eso. Eso no mas Carlita, de ahi todo esta bien y que bueno que hayas vivido esa experiencia especial de haber estado en un matrimonio runa. Bueno y felicidades escribes chevere como nos gustaria tener tu colaboracion para la Revista Runakuna, que de paso te cuento ahora mismo esta en circulacion la edicion # 4
Shuk Punchakaman Carla kuitzaku

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Querido compañero(o compañera?)de revista runakuna, no sabes cuánto me alegro que hayas dejado este comentario, justamente hace unos días me acordaba de ustedes, y sabía que alguna vez me enviaron un mail, mientras estaba por tierras lejanas, sin embargo no estoy segura si respondí o no ese correo (entenderán que a veces no tenía acceso a internet por largas temporadas sobretodo cuando estaba en las reservaciones nativas junto a los mashi navajos y taos). Pero siempre se me quedó esa espinita. He visto el trabajo que han hecho con runakuna y me parece genial, se trata de eso de hacer las cosas bien, desde adentro, con seriedad, porque la memoria de nuestros pueblos es rica, riquisísima y la sabiduría de nuestros abuelos que son la herencia, el legado que tenemos, no se puede dejar de lado. Gracias por tus observaciones, que desde luego, me sirven mucho, en breve haré ese par de correciones, y esque entenderás que todo esto lo hago por mi cuenta, movida por el amor y el profundo respeto que siento por mi gente. Lo de la colaboración en su revista, me interesa. Tendríamos que hablarlo con más detalle. Un abrazo fuerte y andino mashi, de esta heredera de mama Quilago.

C.

Pame dijo...

Me ha encantado me gustaria incluir algun acto simbolico indigena en mi boda
Muy buen post
Un beso desde España