martes, septiembre 30, 2008

La casa de los Hirschman y homenaje radial al poeta Mahmud Darwish

En el taller de Aggie, al lado de su dormitorio. Jack en el caballete
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No hay día en el que Jack no tenga algo nuevo que enseñarme, alguien a quien presentarme o algún lugar interesante al que llevarme. Vivir en casa de los Hirschman ha sido como vivir en una galería o taller de arte. Pinturas por todos lados, poesía en la refrigeradora, en la sala, en las habitaciones. Música saliendo de la cocina todo el tiempo. Aggie silbando, Jack cantando y yo bailando con ellos. Las paredes de los baños decoradas con pequeñas fotografías en blanco y negro que nos remontan a los 70, 80, 90s. Donde uno puede ver a un Ferlinghetti sin canas mientras se sienta en el escusado. Aggie en algun Cafe en Inglaterra. Jack con los dientes completos y el cabello oscuro.
La casa queda justo donde termina Russian Hill y empieza North Beach. Justo en lo mas empinado de la calle. Su casa es una tipica casa de San Francisco: mas larga que ancha. El pasillo angosto. El piso de madera vieja. Con dos cuartos de invitados. En el primero estoy viviendo yo, y en el segundo queda abierto para algun artista de turno. Lo interesante es que el cuarto nunca esta vacio. Cada semana pasa algun personaje nuevo. En el tiempo que llevo he conocido actores de teatro, fotografos, escritores, periodistas que se han hospedado ahi. Aggie no miente cuando nos dice a todos: But of course, mi casa es tu casa y tu casa es mi casa.
Se mudaron ahi hace no mucho. Luego de haber vivido por 9 años en un pequeño cuarto rentado en el Hotel Columbus, justo arriba del Caffe Trieste. Cuarto que aun conservan pues Jack lo convirtio en su estudio. El es uno de los pocos que puede darse el lujo de decir cada manana: Bueno, me voy al trabajo, y con ello referirse a su pequeño rincon lleno de historia. Jack trabaja en sus nuevos poemas, pero tambien tiene al momento cuatro traducciones a su cargo. Alli pasa casi todo el dia. Antes de llegar pasa por Chinatown comprando su sopita de verduras y una Dr. Pepper y desde luego su provision infaltable: vodka. A las 5 y 30 de la tarde baja a su otra sala, la sala extendida de los poetas: el Cafe Trieste. Ahi nos encontaremos para mas tarde ir al bar en el que mi voz ya es conocida: Spects.

Con Jack en Spects

La pregunta diaria de Jack es la misma: Carla, linda, tendrás tiempo esta tarde, hay alguien a quien quiero que conozcas, etc, etc…. Y el sabe que mi respuesta siempre es positiva. Es el único hombre al que jamás le he negado una cita. Bromeamos con eso. Nos hemos hecho muy buenos amigos. Jack ha sido un compañero, un consejero, un colega. Todo el tiempo me lo repite: Sweety pie, tu sabes que cuentas conmigo para lo que sea, tu vales mucho y además trajiste a San Francisco un nuevo aire. Tú lo sabes, puedes sentirlo en todos los que te queremos. Claro que lo se, lo se porque lo siento. Coño, es que cada persona, cada artista tiene cada detalle conmigo. Y Jack, el es uno a los que mas extrañaré. Caminamos por cualquier lado y siempre me esta contando anécdotas. Mira esta es la calle Sacramento en la Kerouac termino de escribir uno de sus libros. Mira esta es la fotografía de mi primera esposa, ella solía prepararle sopa de pollo a Henry Miller cuando este estaba enfermo, se llevaban muy bien. Djuna Barne tenia un temperamento fuerte, podía derrotar con la mirada. Yo lo escucho y recuerdo a todos esos personajes queridos a los que he solo he podido conocer a través de la tinta.

Con Jack en Sacramento

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Temprano en la mañana vamos Jack, Neeli y yo a la estación de radio en Berkeley. Al medio día se leerá poesía en homenaje a un poeta palestino que murió hace poco: Mahmoud Darwish. Jack quiere que en cada cambio de poeta yo grite unas consignas. Se supone que la radio es progresista, pero a la hora de la hora no se arriesgan y dicen que las consignas rompen con el formato del programa. Yo digo que no hay problema, que hubiese sido interesante porque es una forma de despertar a la gente. Nos vuelven a decir que no. Jack insiste. Y a la tercera vez que se niegan el se molesta y me hace señas. Yo me río. El programa sale muy bien. Participan dos poetas mas, mujeres. Una es de Nueva York, del Bronx y la otra es una poeta árabe. Conversamos antes y después del programa. Se leen dos poemas por poeta. Uno de la autoria de Mahmoud Darwish y otro de cosecha propia que tenga que ver con el medio oriente.


Neeli, yo, Maina, Jack y Laura en el homenaje al poeta palestino

Neeli Chercovski

La radio que no quiso que grite mis consignas.
From Irak to Palestine occupation is a crime. Viva viva Palestina, viva viva Palestina, y la lucha clandestina, y la lucha clandestina.
Uno de mis poemas favoritos de Mahmud Darwish leidos en el homenaje

Jack Hirschman

M-2189: notas de blues, libros y anarquia

El estaba sentado en el Caffe Trieste, conversaba con un tipo. Llevaba boina y una pequeña maleta consigo. Capuccino en mano. Yo solo cruce en medio de las mesas, lo vi diez segundos y me engancharon sus ojos. Era distinto a todos. Quise interrumpir su conversación y decirle: Aquí estoy, regrese. Pero me arrepentí. Pensé que me respondería: Disculpa, no te entiendo. ¿Quien eres? Y era esa última pregunta a la que tanto temía. Quien eres - quien eres - quien eres. Temía que no me reconozca aun cuando era la primera vez que me veía. Su mirada me perturbo tanto que decidí salir y sentarme en la esquina del frente para poder observarlo con prudencia. Quizá sea escritor, pensé, porque alcance a oler el perfume que llevaba, era el aroma de los libros viejos. No se que esperaba de el, pero esperaba. Ahí, sentada en la esquina de la calle Vallejo, con mis shorts, mis sandalias y mi libro de Cristina Peri Rossi; con el sol bronceando mis piernas mientras leía El Estado del Exilio. Era medio día en San Francisco. Y el no salía del Trieste. Por que esperaba algo de ese hombre de boina. Por que la necesidad extrema de saludarle, de contarle tantas cosas. Me di cuenta de que era absurdo lo que estaba haciendo. Me levante y me fui mas pesada que antes, porque la incertidumbre es un peso extra que muchos nos echamos encima por voluntad propia. Y se que aunque jamás he cruzado una sola palabra con el, llevare siempre mi pequeño peso de incertidumbre por no haberlo interrumpido.

Cruzo la calle y sigo mi rumbo por North Beach, con la esperanza de volver a oler su perfume por algún Café de la ciudad.

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Dos días después el hombre de boina estaba ahí, en el mismo lugar. Yo acababa de dar un recital en el distrito numero 11. Ah, como se disfrutan las noches afuera del Trieste. En las mesitas plateadas con el artista de turno en acción, el que toca el violin, el acordeon, la guitarra para todos los que juntamos soledades. Esa noche fue una de las mejores. Hice nuevos amigos, entre ellos Michael, un poeta de la calle, que me dijo de entrada: tu tienes una luz especial y mucha pureza en tus ojos. Me acorde de Vicente Muñoz Alvarez, en España. Mi querido V. suele decir que tengo una mirada perversamente pura. Y yo le creo. Converse con Michael un rato y me regalo su libro artesanal de poemas. Luego se fue a su casa y volvió más tarde con algunos obsequios para mí. Todo tenía un significado profundo en su vida. Me dio una camiseta de cuando estuvo en la cárcel hace muchos años, una gorra que el mismo diseñó, y una piedritas de ónix que su mejor amigo le había regalado antes de morir. Yo le leí algunos poemas ese momento y cuando termine se me acercaron unos tipos como lobos hambrientos. No eran conocidos, eran unos turistas que pretendían algo conmigo. Basto un par de palabras para cortarles la viada. Y cuando regresaba a mi mesa pude ver al hombre de la boina, rodeado de mis amigos y conocidos. No podía creerlo. Era el. Nuevamente el llevaba un café en la mano y seguía siendo distinto a todos. Lo sentía solo a pesar de que estaba rodeado de gente. Conversaba con un tipo gracioso, de barbas largas y blancas, de pelo ensortijado y de ropas coloridas al que le decían el rabino, un judío bohemio, que mas tarde seria mi amigo. El rabino hablaba y el hombre de la boina lo escuchaba, de rato en rato le hacia algún comentario, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a escuchar.

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Finalmente nos miramos de lejos. Con fuerza, con soberbia, con ternura. Su mirada seguía siendo distinta a todas las miradas que había conocido antes. No hablamos por un buen tiempo. La bulla de los autos y la gente afuera del Café se volvieron saxofones heridos, desangrándose de a poco. Lento. Todo caminaba lento. Y nosotros mirándonos. Ahí estaba el, mi hombre de la boina. Observándome con la atención y el cuidado de un coleccionista. Pero para entonces no sabia que coleccionaba todo aquello que me gusta. No sabía que su corazón tenia la forma de una armónica, ni que palpitaba al ritmo de un blues. No sabia que vivía en un tablero de ajedrez donde le faltaba una reina negra. Ni que la vida se le paso entre los libros de historia y filosofía. Ni que aprendió a leer antes de los cuatro años abriendo la condena y la redención del conocimiento. Felices los que ignoran. No sabia esos ojos eran los mismos ojos de aquel niño que con trece años ya era librero en la Librería Publica de San Francisco. Ni que nació en Detroit cuando yo ni siquiera rozaba la existencia en este mundo. Ni que también habla español porque su padre fue de San Luis Potosí, México, para luego viajar y enamorarse de una mujer con ascendencia polaca y libanesa, su madre. No sabía que era uno de los hombres mas queridos en North Beach por la comunidad de artistas. No sabía que todos lo respetan por su inteligencia y su corazón generoso… o que lo nieguen los locos y mendigos. No sabia que no bebía, ni fumaba, para únicamente embriagarse de libros, libros y libros… y música, y música y música. Lighting Hopkings, Muddy Waters, T-Bone Walker, José Alfredo Jiménez, Antonio Machin, Oscar Alemán, Umm Kulthum, etc, etc, etc. No sabía que sus dedos reconstruían canciones mutiladas. No sabía que podría callarme la boca con mis propias palabras, las de la joven poeta ecuatoriana que camina sola por la Broadway, y que de vez en cuando se la ve acompañada del viejo Jack Hirschman, el comunista, el traductor, el poeta laureado de San Francisco; el siempre amigo de los disidentes. No sabía que se emocionaría tanto cuando me escucharía cantar country music la primera vez que fuimos a Tosca, Coal Miner´s Daugther frente a la mesa de billar. No sabia que no hay noche en la que el no vaya a City Ligths Books y no salga con al menos tres o cuatro libros. No sabia que para el la palabra es sagrada, como para pocos. No sabia que podía ser todo lo que a mí me encanta, pero al mismo tiempo ser parte de una institución a la que siempre he detestado. Quien eres, pregunte. Soy policía, respondio. Yo reí, reí una y otra vez. Me le reí en su cara porque no le creí. Oh sí, ¿y me llevaras presa? Entonces saco su estrella de la billetera. 2189. San Francisco Police. Me quede helada. Era el. El hombre de la boina. El hombre sentado dos días antes en el Café Trieste. El que pensaba que era escritor. El que llevaba puesto el perfume de los libros viejos. Había terminado de contarle sobre mi documental. Sobre el chamo Guevara, el anarquista. Sobre la canción con la que inicia la película: Señor Prohibicionista, sobre el caso de los hermanos Restrepo, sobre mi crítica al abuso policial y militar. El me escuchaba, sin interrumpir. Al final el estaba de acuerdo, pero también me dijo que no puedo generalizar, que de alguna forma eso también es ser absolutista. Yo me negaba rotundamente. Entonces me conto su historia. Mientras lo hacia, amigos y conocidos mios pasaban por nuestro lado. Poetas, pintores, musicos, y desquisiados se detenian para saludarlo. Yo no podia creerlo. Se sentia el carino que le tenian. Por algo sera, pense. En adelante, lo que más se repitió en nuetra conversacion fueron los términos: estructura, orden, amor, jerarquía, caos, justicia. Para luego desafiar juntos todas las palabras anteriores.

domingo, septiembre 28, 2008

Recital en el Festival de Poesia de North Beach


Extender mis dias en San Francisco fue una de las mejores decisiones de este viaje. Nueva gente en el camino y eventos como este: el Festival de Poesia de North Beach, al que fui invitada a leer. Nos dimos cita en The Poetry Gallery, atras de un bar restaurante cerca de washington square. El encuentro no fue solo de poetas sino de pintores, musicos, fotografos, etc. La pase excelente. Esa misma manana, muy temprano, me habia reunido con Neeli en Trieste para hacerle la entrevista que habiamos programado. Mas tarde aparecio Jack, como siempre, pendiente de que yo tuviese todas mis cosas listas, de que no pierda nada. Acordamos que yo leeria mis poemas en espanol y despues de cada intervencion, el los leria en ingles. Para mi fue un placer que Jack quiea hacerlo, incluso por cuestiones de tiempo, el decidio no leer sus poemas para poder leer los mios. Lei las primeras traducciones que hizo, entre ellas un poema que le escribi al amigo y poeta Uberto Stabile hace algun tiempo: El insomnio de los mirlos.

Tambien leyo Aggi, de quien destaco sus poemas Spermatosis y Vendida. Neeli leyo unos cuantos poemas del libro que le dedico a JC y que luego de la entrevista me habia regalado junto a un par de revistas en las que habia publicado hace poco. Conoci nuevos poetas, algunos de ellos se acercaron a darme la mano, a presentarse. Otros me regalaron su poemarios, dijeron que les gusto mi poesia y me peguntaron que si tenia algun ejemplar a la mano. Les dije que todo lo que tengo son hojas sueltas, que jamas he publicado. Me pidieron que se los pase por mail. Nuevamente fui la mas joven del evento. Pero ya no se sorprenden. Los que me conocen saben que adentro llevo una mujer vieja, que sigue alimentandose de todo lo que ve, oye, siente. Una mujer fragmentada que busca sus piezas en el camino... para completarse de a poco.

viernes, septiembre 26, 2008

The Source: A solas con los beat

En el Beat Museum. Arriba la clasica foto de Kerouac, Ginsberg y Burroughs cuando jovenes. En la pared una pintura de mi querida Aggie y sobre el mueble el poemario de Jack Hirschman.


Jack Hirschman me aconseja que cuando llegue al museo beat pregunte por Jerry, el dueño del lugar, y que le diga que soy amiga de la casa pues así me dejara entrar gratis. No hace falta. Apenas entro nos reconocemos. Es el mismo Jerry que Sherry me presento el otro día en Caffe Trieste. En la pared fotografías de Ginsberg, Neal Cassady a carboncillo, una pintura de Aggie en la pared, libros de Jack en el estante, un poster de Ferlinghetti, poemas de Corso, Kaufman, ediciones antiguas de todos los libros de Kerouac... y eso es solo el comienzo. A la izquierda hay una vitrina con un maniqui de hombre que viste una camiseta blanca y negra, es la camiseta con la que Cassady inicio la ruta.

Cualquier parecido es pura coincidencia

Hay un segundo piso, pero Jerry me detiene. Escuche que también hiciste un documental sobre un musico anarquista. Si quieres te pongo ahora mismo el documental The Source, de Chuck Workman. Lo has visto? No -respondí- Pues adelante, la sala es para ti solita.
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No puedo negar que la idea me encanta. Quien me conoce sabe que las películas me gusta por lo general verlas sola o junto a una compañía realmente buena, pero nunca me han gustado los cines repletos, los sonidos de comida en mis oídos, las risitas en la sala oscura. Jerry me leyó el pensamiento.

La sala es pequeña. Una televisión en el centro. Suficiente. Comienza la película. Me engancha. Puedo escuchar por primera vez las voces de los beat. Hay escenas jodidamente buenas. Cassady en un video casero. Kerouac en una entrevista de televisión. La foto de Ginsberg y Corso desnudos. Burroughs hablando sobre el pequeño detalle en la muerte de su esposa. Bob Dylan salta a escena. Estoy sola, apoyo mis piernas sobre el asiento de al lado. Abro mi cuaderno y anoto nuevos nombres que saltan en pantalla. Viajo, viajo adentro de esa pequeña y oscura sala. Pero regresare del viaje. Se que un segundo piso me espera.....

jueves, septiembre 25, 2008

Con Linda King, la companera de Bukowski... y el mural de Taniperla

Sí, mis queridos amigos, la mujer que ven levantando el brazo junto a mí es nada más y nada menos que Linda King, quien fue la compañera sentimental del escritor Charles Bukowski. Las sorpresas on the road siguen llegando. Recuerdo que Neeli me había comentado que si algún rato voy a Phoenix me podría contactar con Linda, pero lo veía muy lejano, por no decir casi imposible; y bromeando dije: mejor que ella venga a Frisco a visitarme. Todos rieron. Cuando un día antes de dejar la ciudad (luego postergue nuevamente mi viaje) Jack me busco en el Caffé Trieste y me dijo: hey, bela, que harás hoy a las 5 y 30 de la tarde. Yo lo mire y le respondí, se que tienes algo importante que decirme, Jack, dímelo ya, tendré tiempo para cualquier cosa que digas. Linda King, te espera a ti y a mí aquí, en Trieste. Viene a visitar a su hija que esta estudiando en el Instituto de arte, le hable de ti.

No podía creerlo. Días antes había leído varios de sus poemas tras la vitrina del beat museum, costaban como 150 dólares cada uno y venían con un dibujo incluido y su firma. Coño, dije en ese entonces, no tengo dinero para pagar sus poemas, y entonces decidí copiarlos a manos, gaste como casi una hora. Pero tengo sus poemas. Nunca imagine que días después, ella estaría interesada en conocerme. Y que me escribiría en mi cuaderno verde sin tener que pagar nada.

Esa tarde me paso de todo. Y tuve que llegar corriendo a las 6. Cuando entre al Trieste estaba ya en la mesa de centro Jack, Linda y su hermana. Linda bebía vino rojo. Cuando nos vimos la reacción fue mutua. Abrazo fuerte y brindis… literalmente a la salud de Hank. Hablamos un buen rato. La verdad al principio se me hizo difícil encajarla en mi cabeza. La registraba en mi memoria como aquella jovencilla guapa que aparece en una de las fotos con Bukowski. Pero ahí estaba Linda era ella con sus sesenta y tantos anos. Y todavía con la sonrisa amplia cada vez que decía Bukowski. Creo que hasta el día en que muera no dejare de nombralo, me dijo. Hablamos sobre su hija quien para mi sorpresa visito Ecuador hace algún tiempo. Estuvo en Quitu, en un proyecto interesante. Y Linda dijo que le causaba curiosidad por las cosas que su hija le contó sobre mi tierra. Además me contó sobre un proyecto que tiene, un film que tiene que ver con el viejo Buk, ella esta haciendo una adaptación de una obra suya, esta escribiendo el guión, y su hijo que es realizador la llevara a cabo. Jack le dio a unos cuantos poemas míos. Hablamos sobre poesía, sobre mi viaje, sobre sus recuerdos. Le conté, desde luego sobre Resaca Hankover , y se sorprendió. Le encanto la portada y pregunto si hay alguna edición en ingles, que le encantaría leer esta antología. Le dije que no, pero le pregunte que si hay algún otro proyecto similar ella podria colaborarnos y me dijo que no habría problema. Intercambiamos direcciones, mas brindis y un par de fotos. Carajo, Hank, faltabas tu en la mesa.
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Lo que mas he conocido de San Francisco es North Beach y las casas de los artistas. North Beach es mi barrio, lo adopte, me adopto. El barrio italiano, pero sobretodo el barrio que guarda ese espiritu beat en el que el arte se lo vive a diario, en los cafés, en los bares en la legendaria City Ligths, en Vesuvio, donde Kerouac era cliente frecuente, Spects, Tosca, Trieste...... En fin, es precisamente en el callejón entre City Lights y Vesuvio donde se encuentra un mural que me encanta, y del cual Patxi Irurzun, uno de los coordinadores de la antología HANKOVER RESACA, un homenaje a Charles Bukowski, escribió un reportaje hace algún tiempo. La siguiente foto la tomo Conrado Henríquez, uno de los amigos que trabaja en Vesuvio. Hoy por hoy, el mural, pintado por latinos, lleva el mensaje de la resistencia indígena en México, la de los zapatistas. Esta foto va para Patxi y todos aquellos en los que son capaces de pintar en los muros de la conciencia.



sábado, septiembre 20, 2008

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Cuántas noches caben en una sola noche. Es jueves. Pero también es lunes y martes y el miércoles más extraño de mi vida­­­. Todos los días condensados en esta mesa. En esta copa de vino. En este cuaderno improvisado. Servilletas como páginas en blanco. Cenizas como tinta. El piano incinerándose. Bruce acariciando el fuego. Joan cantando a los proscritos. San Francisco afuera y adentro. San Francisco la sangre que se acumula adentro sin esperar veintiocho días. Y él afuera. Vigilando las guaridas de los sabios que se estrangularon con su propia lógica. A qué juegan los que caminan solos por North Beach. A qué juego yo cuando escribo estas letras. Cuándo me cansaré de acoger a los sordos para devolverles sus oídos. Cuándo me cansaré de acoger a los ciegos para devolverles la vista. Cuándo me cansaré de acoger a los mancos para devolverles sus manos. A los mudos, a los cojos, a los desahuciados. Cuándo dejaré de ser la samaritana. La salvadora de los otros. Cuándo me salvaré a mi misma.

martes, septiembre 16, 2008

Recital en Frisco, documental en Colombia y desempolvando a Hank...

En el recital de poesia en la libreria publica

El verano agoniza en San Francisco. No nieva, pero siento el hielo sobre mi cuerpo. La seducción del viento. Ardor y frío. Frisco me dio la estocada. Nos pertenecemos. Hace rato que debía seguir mi ruta, pero decidí quedarme. Hay suficientes razones para enamorarme de esta ciudad. Las calles, los cafés, las librerías, las cantinas donde jugamos a extender las noches con nuestros cantos. La gente, los amigos, los desquiciados. Y cuando menos lo esperas... alguien que pueda extirparte el cerebro, el corazón, las vísceras, ponerlos en una bandeja y mostrártelos; entonces sabes que una nueva historia ha comenzado y que la carretera puede esperar.

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Sigo viva. Esta es una de las pocas veces en que en realidad me he desconectado de muchas cosas para internarme en otro mundo. Aquí el tiempo corre y es imposible detallarlo todo en este espacio, pero todo esta en el cuaderno verde, el viejo compañero. Estoy lejos de mi Kitu, pero nunca lo he tenido tan presente; mi gente, mis canciones, mis indios van conmigo. Me entere la semana anterior que mi documental fue seleccionado para proyectarse en Bogota, Colombia, en el III festival de cine Sur realidades, En la categoría de derechos humanos. Estoy feliz por ello. No podré asistir desde luego, pero me emociona saber que llegara a más gente. Además fue seleccionado no solo para proyectarse sino que entro en concurso. Todos aquí celebraron conmigo la noticia. Y desde luego en casa. Aquí he recibido lecciones de vida en tan corto tiempo, unas han ampliado mi perspectiva. Eso me gusta, me gusta que ocurran cosas que me descoloquen, que me permitan seguir comprobando que cada ser humano es un mundo aparte. En fin, les comparto pequeños fragmentos, porque por ahora me queda eso: resumir, aproximar, compartir pequeños espasmos­­; emociones sin digerir. Seguiré caminando por las calles de San Francisco, seguiré el olor de los libros viejos.
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This is a strong poem- fue lo primero que Jack Hirschman me dijo luego de leer el poema de Sarah Kane. Entonces lo tradujo y me pidió que le entregase otro, y así lo hice. Luego de ello, se me acerco una noche a la sala donde conversábamos con Aggi sobre su faceta de profesora de drama en Inglaterra, y me dijo: Carla, bela, dame tus poemas, los que tengas aquí, quiero traducirlos todos. Ahora Jack traduce los versos de esta poeta que en su ciudad ha optado por pasar desapercibida, cuyos escritos han estado guardados. Ayer conocí su estudio, un pequeño cuarto en el hotel Columbus, justo arriba del Caffe Trieste. Ahí vivio Jack con Aggi por ocho años antes de cambiarse a la casa en Broadway. Cuanto he aprendido de sus anécdotas, de sus libros, de sus pinturas, de sus amigos, que ahora también son mis amigos. Gente a la que antes solo conocía por la tinta y con la que hoy me siento a compartir la mesa.
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Con Jack y Aggie Falk
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El día que conocí a Ferlinghetti murió BJ Papa. BJ Papa era uno de los hijos mas queridos de North Beach. Era un elemento clave del jazz, todo un piano man. Recuerdo que fue un lunes cuando Jack y yo nos juntamos en el Trieste y luego fuimos a casa donde nos esperaría Aggie y Lee. Lawrence llegaría a las 6 y 30. Cuando entramos escuchamos llantos por toda la casa. Oh shit, dije. No sabia que pasaba, pero no necesitaba mucha explicación para saber que algo muy malo había ocurrido. Lo primero que se me cruzo por la cabeza era Ferlinghetti. Después de todo era a el a quien esperábamos y sabia que andaba un poco delicado de salud. Cuando subimos Aggie nos dijo que el viejo jazzero murió mientras dormía. Tenía alrededor de 70. Pusimos un cd de BJ Papa. Lee gritaba en la esquina: No way, no way, no way!!!.... Yo solo escuchaba el jazz que salía del equipo. Luego las cosas se calmaron. A las siete llego el viejo beat. Ahí estaba el autor de Coney Island de la mente, lo primero que leí de el. Lawrence Ferlinghetti es un tipo muy lucido para tener 98. Lo primero que vi fue su sonrisa amplia, sus ojos claros y el arete en su oreja derecha. Jack me presento al escritor y dueño de la legendaria City Ligths Books como una nueva amiga y colega, después le contó la historia de cómo nos conocimos. Lawrence me dijo: Eres una muchacha con suerte. Cuando llegue a San Francisco, me tomo dos meses para vivir mas o menos lo que estas viviendo. Y luego empezaron a recordar historias de Allen Ginsberg y Gregory Corso. Jack imita a Corso muy bien. Con una voz ronca, media gangosa. Yo reía sin parar. Jack le dio un par de textos míos a Lawrence, y le gustaron. Luego quería saber mas sobre Lawrence, pero parecía que el estaba mas interesado en saber sobre mi vida. Le hable sobre Ecuador, sobre los shuaras, sobre el ayahuasca y el san pedrito. Sobre mis amigos en España, sobre los que están al otro lado. Luego me contó algunas de sus experiencias durante su travesía por Latinoamérica, la misma que la realizo con Ginsberg. Me pregunto si estaré en octubre porque va haber un evento dedicado a Charles Bukowski, en la librería. Le dije que partiré pronto. Pero volverás… tienes talento, y esto apenas empieza, niña. Volveré, claro que si, de eso no tengo duda, esta ciudad me ha dado tanto en tan poco tiempo… talvez porque sabe que tambien soy una de las hijas salvajes de Whitman.
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Con Lawrence Ferlinghetti a la salud de los amigos vivos y muertos
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Me gusta cantar. A veces rebasa el un gusto para convertirse en una necesidad... y ahí es cuando la cosa se vuelve complicada. Siempre he dicho que en mi última vida debi haber sido cantante de boleros en una cantina. Y me he imaginado así, en un bar a media luz, con una copa de vino o tequila desgarrándome la voz junto al piano o la guitarra. Y esa es otra de las cosas que esta ciudad me dio. Recuerdo que un día estuvimos en casa de Lee. Nos invito a los de siempre luego de nuestro recorrido por el Saloon, Vesuvio y Mojito. Preparo pasta y puso una canción que me hizo levantarme y empezar a cantar. Era un bolero. Entonces me dijeron que no pare, que cante alguna canción, y quien me conoce sabe que las de Chavela Vargas y José Alfredo Jiménez me atraviesan. Entre los invitados estaba Bruce, pianista. Me escucho y me dijo que si había cantado antes, con una banda o algo asi. Le dije que nunca. Me dijo que le había gustado mi voz. Al siguiente miércoles, mientras todos estábamos en Spects, Lee entro y dijo esta noche cantaras aquí. Me tomo por sorpresa. Bruce tocara el piano y tu cantaras. Le pregunte a Bruce si sabia la canción can’t take my eyes off you. Me acorde de Uberto y de su pequeño gran Sur. Recordé la version en español que conocí gracias a el. No puedo quitar mis ojos de ti, en voz de Alba Molina. Le comente que podría cantar una versión en español. Y así fue. Ojala Uberto la haya escuchado desde Punta Umbría. Una de las ciudades que si todo marcha bien… es posible que conozca este año. Abrimos con esa canción, la gente se emocionó, y lo demas va pa largo. La llorona, Historia de un amor, incluso una de Tom Waits. La bamba, guantanamera, garota de Ipanema. Todavía tengo el piano desafiándome.

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Cantando junto al piano en Spects

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Neeli Cherkowski, el buen Neeli, me recoge a mediodía y me lleva a conocer Misión Street. Otro de los barrios donde se respira arte por todos lados. Hay mucho latino y las paredes de las calles están cubiertas de colores, formas, rostros, consignas. Hay murales gigantes. Entramos a la galería de la raza. Nos tomamos un café en la esquina. Neeli Saca algo de su bolso: libros, libros y más libros. Son sus poemarios y unos ensayos suyos en español que presento en México hace un par de años. Me los firma y me los regala. Para Carla y su pasión. Neeli me habla de Jesse, su compañero con el que ha compartido 25 anos. Un psicoanalista y pintor filipino que regresara en unos días de su tierra. Neeli es un tipo con un corazón gigante lo supe desde el primer día. Jack me dijo que en su casa Neeli guarda muchísimos cuadernos llenos de sus poemas que aun no han sido publicados. Cuando converso con Neeli me pasa lo mismo que con Jack: siempre me entero de cosas de escritores a los que hubiese querido conocer. Y con Neeli es inevitable, por ejemplo, hablar de Bukowski. Le pregunto algunas cosas y Neeli empieza a recordar varias anécdotas; se emociona y dice que quiere indicarme algunos recuerdos de Hank que no los encontrare en otro lado.… Y es cierto. Apenas entramos a su casa, saca un cartón con fotos de Buk. Las tomo el padre de Neeli. Veo libros raros, ediciones únicas, poemas del puño y letra del viejo. Dedicatorias al puro estilo infernal. Neeli conoció a Bukowski cuando tenia apenas 16 y Buk tenia 40. Hay una foto en la que están los dos junto a Linda King Bukowski. Le pregunto por ella. Me dice que vive en Phoenix, que es maravillosa, que si quiero me puede dar su número para visitarla cuando regrese a Phoenix. Pienso que no estaría mal, pero lo veo lejano. No quisiera hacerme el viaje en vano. Prefiero por ahora concentrarme en lo que estoy viendo aquí. Hurgar la sala de Neeli es encontrarse con pequeños tesoros, siempre pequeños tesoros.
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De derecha a izquierda: Charles Bukowski, Linda King, Neeli, y otros amigos.

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Una de las actividades que Jack organizo como poeta laureado de Frisco es el poets-11. Se trata de 11 recitales, uno en cada distrito de la ciudad. Jack quiso que leyera ahí. Así que fuimos a la librería pública de un barrio en el que la mayor parte es gente negra. Yo estaba fascinada. Fuimos en el auto de unos de los amigos de Jack. Aggie iba cantando y yo estaba en silencio, iba pensando todo lo que estaba viviendo. En ese instante llego un mail al teléfono del amigo de Jack. Era un poema que Neeli Chercovski me había escrito. Nunca lo voy a olvidar. Neeli me lo mando en el momento preciso y Jack lo leyó. Me movió tanto que logro sacarme un par de lágrimas que nadie vio porque seguí volteada con la frente en la ventana. Cuando llegamos la gente ahí de la librería pública me recibió muy bien. Pude leer en español y en ingles. Se me hizo extraño leer en el segundo idioma, pero me gusto. Me metí tanto en mi poema y además leí con más ganas luego de ver que entre el público estaban algunos amigos: Jack, Aggie y Neeli, quien había llegado sin avisar solo para escucharme. Luego de la lectura fuimos al Trieste. Era jueves y la esquina estaba repleta de risas y recuerdos. Era un jueves. Y nuevamente aparecen los amigos de siempre para regalarnos sus historias.

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Con Jack y Neeli en la libreria Publica SF

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Estoy en el Caffe Trieste, como todos los días. Escucho La Boheme saliendo de la rocola. Mark esta sentado en la mesa de al lado, conversa con Lyon y Marvin. La mirada de Mark me relaja tanto como la canción. Mark llego un jueves por la noche a la esquina donde uno se siente menos solo. Yo llegaba del recital en la librería publica. Cuando lo vi supe que era el mismo tipo que había registrado en mi memoria dos días antes en una de las mesas. Lo tenía muy claro, boina y café. Pero ahora no era un fantasma. Ahora estaba ahí, de nuevo, en el Trieste, junto a los artistas, a los locos, a los autoexiliados, a los comunistas y anarquistas, y junto a los que como yo no nos gustan las etiquetas (aunque esta distinción me haga parte de una nueva). Cuando supe su nombre recordé el personaje literario de José Sbarra: Marc, la sucia rata; un tipo libertario que siempre anda echando guerra a un policía, con sus dialogos inteligentes e irónicos. Mark tiene algo que me atrae, que lo vuelve exquisito para mis ojos. Talvez sea su soledad. Presiento que es un animal solitario, hambriento de (mas) conocimiento. Quisiera saber que guarda Mark en sus bolsillos. Cuantos libros carga en su maleta. Cuantos dioses se esconden en sus botas. Me mira, me mira una y otra vez. Yo también lo hago. Sí, él es Mark, pero en esta historia, él es el policía.


Con Mark afuera de Caffe Trieste

... otro capuccino a mi mesa. Nina Simone empezara a cantar cuando todos se hayan ido.

sábado, septiembre 13, 2008

Deme un minuto que ahorita regreso....... san francisco esta nublado.... es dificil encontrar las teclas.

lunes, septiembre 01, 2008

Todo parece irreal. Poetas en el corazon de San Francisco, Hirschman y Ferlinghetti en mis oidos

Con el poeta y amigo Jack Hirschman luego de leerle mi poema. A su der. su companera, la pintora y poeta Agneta Falk, y en la esquina Afreen, la que me conecto con todo lo que ahora estoy viviendo.
Cafe Trieste. North Beach
Con amigos poetas, pintores y musicos. North Beach

Por donde empezar. Por donde comenzar a describir todo lo que me ha pasado y sigue pasando, todo lo que estoy escribiendo en mi cuaderno. La musica de Fabrizio Andre es una buena forma de empezar a escribir. La voz de Fabrizio retumba en los parlantes: Marinella, Marinella. Marinella, la prostituta, la que vendio sus suenos una noche en la que Venecia fue un juego de ninos. Por donde empezar a describir lo que siento, como no explotar de la alegria. El arte duele, pero al mismo tiempo el arte es el que me pinta los labios. La poesia es la que abriga mi cuerpo, es la que me viste por dentro cuando llevo el alma desnuda. Hoy soy fuerte, huracanada. San Fancisco, el hogar que me espero por veinte y tres anos. San Francisco, la cuna vacia. Que nadie encienda la luz porque la vela alumbra lo suficiente, porque hoy el vino es mas rojo, porque la noche es mas noche cuando olvidamos que existe el dia.


Estoy aqui, en San Francisco, la ciudad que me toca, que me envuelve, que me pide que no me vaya. No me voy, darling. No todavia. Todo es muy loco. No me importa en que dimension estoy, ni que puerta se abrio. Estoy, solo estoy.
Mi primer dia en San Francisco. Mmm... Es ese el parque en el que se acosto Kerouac para descansar a mediodia? El camino es largo y la vida tan corta. Es ese aullido el que viene de las entranas de Allen Ginsberg?.. es hora del almuerzo desnudo.... Burroghus me sonrie desde las paredes desgastadas. Camino, camino, camino.... Union Square.... ahh, ese nombre con el que Nueva York me regalo un amor y me lo quito de la misma forma en que llego: con el viento golpeando mis mejillas, con las hojas copulando en otono. Pero esto no es Nueva York, es San Francisco. Avanzo, avanzo, avanzo.... Quiero ir a North Beach, quiero entra a City Ligths Books, quiero tomarme un cafe en el Vesuvio. Avanzo, avanzo, avanzo, quiero conocer al poeta laureado de San Francisco, el que nacio en 1933, el que fue despedido de UCLA por estar en contra de la guerra de Vietnam hace ya muchos anios, el que respiro con los beat: Jack Hirschman. Se que vive, en North Beach, se que estuvo muy muy cerca de Ginsberg, y del lado de los marginales. Se que a pesar de que sus dientes se fueron su sonrisa sigue intacta. Avanzo. Tengo la esperanza de escuchar sus poemas de sus propios labios. Jack Hirschman esta vivo. Jack Hirschamna vive en San Francisco... si tan solo pudiese escucharlo de lejos.





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Estoy en la estacion del metro. North Beach sigue retumbando en mi cabeza. Una mujer se sienta a mi lado mientras espero el metro. Pero no tengo una jodida idea de cual es el que me llevara al sitio que quiero. Decido preguntarle a la mujer donde queda North Beach. Me dice que tambien ella se dirige alla. Se ofrece a guiarme. Empezamos a hablar. Me pregunta que hago. Le digo que soy poeta. Eso es lo primero. Olvido por un momento que soy periodista. Supongo que es porque respondo lo que es mas real, lo que vivo a tiempo completo, esa es mi realidad. Luego le cuento sobre mi danza, sobre mi documental...sobre mis formas de expresar todo lo que habita en mi, mi forma de entender el mundo. Ella es muy simpatica. Su nombre es Afreen. Es de Pakistan. Tiene alrededor de 50 anos. Es chef y fue profesora en un instituto. Tiene mucha dulzura en sus ojos. Le hablo de mi, y en seguida me invita a ir con ella a North Bach, el barrio italiano, pues se reunira en poco minutos con unos amigos artistas en el Cafe Trieste. Acepto. Afreen me cuenta mas sobre su vida. Lo registro todo en mi memoria. Afreen quiere presentarme a sus amigos... dice que algunos son pintores y poetas.


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Cruzamos la calle y pareceria que estoy en Italia. Los hombres me traspasan con sus miradas. Benvenute! Llegamos al Cafe Trieste. Afreen me presenta a sus amigas.. Shery es pintora y Aggi es pintora y poeta. A los pocos momentos llega Lee, con su traje blanco y su panuelo verde. En pocos minutos todas estamos metidas en la conversacion. Afreen pide una copa de vino blanco para mi. Yo disfruto escuchandolas. Hablan de un tal Momo, un pintor muy conocido, un street painter. Afreen les cuenta que escribo, y Aggi dice: mi esposo tambien escribe, es poeta. Cual es su nombre pregunto. Hirschman, Jack Hirschman. No puedo creer lo que esta pasando. Tengo junto a mi a la esposa del poeta que estaba buscando. Aggi me dice que Jack llegara en pocos minutos. Ni bien acaba de decirme eso, Jack llega al Cafe Trieste. Esta ahi, el "street poet" esta ahi, frente a mi. Afreen me presenta y el me recibe de la mejor manera. Hablamos y le digo que tengo uno de mis poemas en la mochila. Jack me dice que quisiera leerlo. Le digo que esta en espanol en una hoja cualquiera. El dice que no hay problema que el puede leer en espanol, que ha hecho algunas traducciones para escritores hispanos. Sarah Kane es el poema que le entrego. Apenas mira el titulo abre bien los ojos. Vaya, conoces a Sarah Kane! Luego se sienta un lado y lo lee con atencion. Ahi esta el, Jack sentado en la esquina del Cafe Trieste leyendo mi poema. Lo termina, y me mira por unos segundos. Luego dice: Carla, this is a strong poem. I wanna translate into english. Sonrio. El poeta no solo sintio mis letras sino que quiere traducirlo. Me permites, me pregunta Jack. El poema esta en sus manos, respondo.



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Jack Hirschman nacio en Nueva York, en 1933. Desde 1975 ha vivido en el barrio de North Beach, San Francisco. Es tambien pintor, traductor y activista politico. Ha publicado cientos de libros de poemas, ensayos y traducciones de 9 idiomas (Artaud, Mayakowski, Pasollini, Neruda, Scotellaro, Dalton, Celan, Mallarme, Laraque, Brugnaro, etc.) Fue despedido de la UCLA, donde fue profesor, por su oposicion activa a la guerra de Vietnam, y como miembro del partido comunista. Colabora en algunos medios. En el 2006 fue declarado poeta laureado de San Francisco.


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Quisiera seguir colocando mas fragmentos, pero dado el tiempo limitado que tengo para actualizar este blog por ahora no puedo, asi que simplemente dire que me siento en mi habitat!!!! todo parece una pelicula...quien esta detras de todo esto... que clase de guon jodidamente bueno es el que escribio, el que programo todos estos encuentros? Y la cosa no termina ahi.... preparense........

... Jack Hirschman y su esposa Aggi me invitaron ese mismo dia a hospedarme en su casa. A donde me mude luego de que llegue al departamento de los padres de Enrique, en Berkeley. Son gente que tambien se queda en mi corazon. Sara, la hija de Enrique, tambien me dio una mano y eso tambien lo llevo conmigo. Para todo ello ya habra tiempo de escribir. Por ahora quiero decir que tengo al momento un gran nexo con los artistas del corazon de S. Frisco... No hay dia y sobretodo noche en la que no nos reunamos en casa de algun pintor o escritor. No sabia la verdadera dimension de quien se trataba la gente con la que estoy todo el tiempo hasta que los vi, a muchos de ellos, en algunos libros y fotografias en la City Litghs Books, en la seccion de Beat literature. A donde vamos, Jack entra anunciando con su voz un tanto ronca: les presento a Carla, la poeta de Ecuador, nuestra invitada especial. Es increible como se mueve el arte aqui, sobretodo en North Beach y en Mission St. Conoci a Momo, el pintor cuyas pinturas constan en el beat Museum y en la casa de mis nuevos amigos, y luego de onversar... me regalo una de sus pinturas: Revolution begins at home. Y eso no es todo... en una de las reuniones conoci a Nelli, con quien ahora me llevo muy bien. El fue amigo pesonal de Charles Bukowski y fue unos de sus biografos, empatamos muy bien y le hable sobre mi gusto por la literatura del viejo Hank y le hable sobre Resaca/Hank Over, la antologia dirigida por Vicent y Patxi.... es mas. Le indique el libro... se quedo fascinado con la portada... no sabia de la existencia de ese homenaje al viejo indescente. Le hable de algunos escritores antologados y otros poetas amigos. Me conto algunas anecdotas de Charles y el. Y como parece que le cai bien dijo que me quiere entregar algunos escritos sobre bukowski para que yo los traduzca. Ademas me va a cruzar algunos poemas y me pidio que yo le pase los mios. Le conte que Jack traducira algunos, empezando por el de Sarah Kane. Nelli quiere publicarlo en una revista.


Algunos de mis new friends en una antologia beat. City Ligths Books. Con Momo y la pintura que me regalo. Cafe Trieste
Con Neeli Cherkowski, poeta y amigo y biografo del viejo Hank. Cafe Trieste

Blues in my heart. North Beach

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Jack traduce mi poema. Nos reunimos algunos poetas en el Cafe Trieste. Jack quiere que lea mi poema en espanol e inmediatamente lo hace el en ingles. Ajustamos agunas palabras, me pregunta sobre el sentido de algunos versos. El poema esta listo. Jack me dice que si quiero leer mi poema en un recital que habra el jueves en la libreria publica de San Francisco. Acepto. Aggi lo leera tambien en ingles. Estoy emocionada.... pero las sorpresas continuan. Jack me dice que quiere que le cruce mas poemas mios. Y que quiere indicarle mi poema a un viejo y buen amigo suyo. Le pregunto que de quien se trata. lawrence, Lawrence Ferlinghetti. Simplemente no puedo creerlo... hace un par de semanas estaba en el desierto, se me vienen al mismo tiempo las imagenes de la ceremonia de peyote al interior del tipi con los indios taos....y ahora no puedo creer que ultimo de los escritores beat y dueno de la legendaria City Ligths Books, leera mi poema. Le pregunto a Jack que si le dara una copia. Jack me responde que no, que de hecho quiere que yo lo lea manana, durante la cena. Que cena, le pregunto... la que tendremos manana.... manana vendra Lawrence a casa y podremos todos conversar tranquilamente. Cuantas cosas se atropellan en mi cabeza ahora mismo. Quisiera preguntarle tantas cosas o simplemente callar y escucharlo leer alguno de sus poemas. Me alegra saber que manana compartiremos la mesa y los versos. Le preguntare sobre Kerouac y Ginsberg, Corso, Burroughs y Cassady. Lawrence ya esta viejo tiene ochenta y ocho, pero esta lucido dice Jack. Esperare que las horas pasen rapido para verlo entrar por esa puerta y decirle: hey, Lawrence, soy Carla, una de las hijas salvajes de Withman. Oh si, la poesia no es una sociedad secreta. Que dia es, que hora es. Afuera alguien aulla... y esta vez no es un coyote, es Ginsberg que no puede conciliar el sueno. Yo lo acompano con mi canto. Arde San Francisco en mis ojos.

(Sepan disculpar si se me escapa alguna falta debido a la prisa con la que escribo. Y en cuanto a los acentos, ya conocen el problema del teclado.)


Seguimos on the road.