jueves, febrero 14, 2008

Declaración acusatoria en forma de misiva

Acúseme de ser azul, de pintar mis labios con sus versos, acúseme de llevar una tristeza que se activa con la lluvia, acúseme de tener la melancolía como marca de nacimiento, acúseme de pintar paisajes con nostalgias propias y ajenas, acúseme de loca, acúseme de creer en los duendes (sobretodo en aquel que lo trajo hasta mi puerta), acúseme de soñadora, acúseme de sufrir la poesía, acúseme de llevar una serpiente escondida en mi vientre, acúseme de llorona, acúseme de ver en blanco y negro los domingos, acúseme de terca, de intransigente, de caprichosa, acúseme de pretender la paz en medio del caos, acúseme de rebelde, acúseme por mi desorden, por mis desvaríos, por mis resacas mentales, acúseme de necia, de despistada, de gritona, acúseme de juntarme con gente rara, acúseme de tener un corazón libertario, acúseme de cargar una bandera negra, acúseme de bailar en medio de la avenida, acúseme de querer desnudarlo en jardines públicos, acúseme de fatalista, de extremista, de exagerada, acúseme de carajear con frecuencia, acúseme de haber robado un par de libros a un par de ricos (uno de los libros es sobre la fotografía de Robert Frank con introducción de Jack Kerouac), acúseme de seducir al diablo, acúseme de escaparme con el viento, acúseme de esconder las llaves del alba, acúseme de querer cantarle al oído hasta quedarme muda, de escribirle hasta quedarme manca y de correr hasta el lugar donde se encuentre, con el riesgo de quedarme coja por tanta prisa, acúseme de ilusa, de creer en usted después de tanta palabra rota, acúseme de que a pesar de sus máscaras le he apostado cuatrocientas mil veces a nuestra historia (acúseme otra vez de exagerada), acúseme de memorizar todos sus poemas para beberlos a sorbos a la madrugada, acúseme de anacrónica, de intuitiva, de bruja, acúseme de resentida, de recordar todo con lujo de detalle, acúseme de ser la descendiente de Nemosyne, acúseme de ermitaña, acúseme de confundirlo con mi admiración a ciertas mujeres, acúseme de hablar de teorías crípticas, acúseme de haber robado los secretos de Medio Oriente, acúseme de haberme lanzado al río Yangtze para tratar de salvarlo, acúseme de abrazar una tumba cuando duermo, acúseme de querer dar juntos un recital en el cementerio de San Diego, acúseme de ver más allá de la niebla, acúseme de estar convencida de que la vida duele y el amor desquicia, y que encontrar al amor de nuestras vidas es un pacto entre masoquistas, acúseme de ser la enemiga del tiempo, acúseme de interrumpirlo cada seis palabras, acúseme de temblar veinte veces al día, acúseme de envejecer antes de hora, acúseme de asesinar a más de uno con mis huesos, acúseme de insomne, de violenta, de agresiva, acúseme de llevar el “Zigzag del Solitario” en mi maleta de viaje, acúseme de amarlo con el brío del mar, con la furia de un volcán enardecido, acúseme de todo esto…

…pero no me acuse de mentirosa, de falsa, de tramposa, cuando sólo he cultivado caracoles para tejer con ellos nuestros trajes, cuando he compuesto canciones cuyas partituras las he escrito con sangre, cuando mis ojos han sido lagunas en las que usted se ha sumergido cuando ya no había donde sumergirse, cuando hemos rasgado conciencias al gritar verdades que a muchos espantan, cuando he construido universos para los dos en menos de siete días, cuando siempre he resguardado su nombre (con lo poco que me gustan las etiquetas), cuando he aparecido antes de tiempo tras un viaje de catorce horas sólo para abrazarle y entregarle el aroma del café recién molido en el sur, cuando he escrito con su barba mis mejores relatos. Por eso, no me hable de ficciones por favor, no con su boca manchada, porque usted sabe que he pasado noches enteras en vigilia, esperando que sus labios me revelen algún verso, y sólo me ha entregado aliento a cerveza, porque me he quedado ronca de tanto cantarle “Paloma Negra”, porque usted sabe lo que pasó en la galería de arte esa noche de mayo, en Quito con aguacero, por los viajes postergados, por las fechas olvidadas, porque tuve que presenciar su despedida simulada, y comprobar que se bajaba del taxi en la siguiente esquina, no me hable de máscaras por favor, no cuando yo le he quitado con mis propias manos las que usted usaba en cada fiesta, y que a pesar de todo yo celebraba con serpentinas el retorno del niño que entre risas y muecas se quedaba dormido en mi regazo, y hoy supone historias relacionándome con fantasmas, sintiendo celos de los mortales, arrojando a la quebrada todo rastro de lucha, y a pesar de los dardos lanzados sobre mi cuerpo, a pesar del dolor, yo sigo construyendo ocarinas para que usted invoque a los gavieros muertos; y usted sabe que es cierto, tan cierto como el lunar de carne en su espalda, al que siempre ha querido amputar, y en el que yo me he refugiado tantas veces al sentirme desamparada, tan cierto como que extraño el palpitar de su corazón cuando escucho el tic tac de lo grillos que saltan a la muerte, tan cierto como las angustias compartidas, como las sobredosis de cafeína, como la casita de adobe que construía sobre su pecho, tan cierto como esta oscuridad de la que no logro salir y desde la que me pregunto: en qué estación se quedó el poeta con los regalos que me traía del puerto, dónde se perdió la esperanza renovada, dónde la quietud de la bajamar, la lumbre del faro, la suavidad de la arena, la ternura del náufrago…

Acúseme de haber caído en la ironía más grande: el amor
Declaro que todo lo expuesto aquí es cierto,
Carla Blue.

Quitu, 14 de febrero de 2008