martes, enero 15, 2008

Carta de una presunta loca que anda suelta

Sí amor, sé que piensas que puedo desatar esa locura que hasta hoy sólo había brotado en pequeñas dosis de histeria y paranoia. Sé que en el fondo tienes miedo de que algún día me encierren, y que me sean prohibidas las hojas en blanco y los esferos, por temor a que acabe devorando mis propios poemas. Sí amor, yo sé que tú no quieres para mí el encierro porque tú mismo lo experimentaste. Tres meses en ese psiquiátrico que veo a diario desde mi casa; internado en el área de adictos pues lo tuyo era el alcohol. Llamadas censuradas, visitas restringidas, evocaciones. Experimentabas otro tipo de silencio, uno con el que muchas veces tus oídos sangraron. Por eso, amor, sé que no quieres que me encierren, y que una vez aislada pierda la noción del tiempo. No lo quieres, y sin embargo me preparas sutilmente hablándome sobre los locos que paseaban frente a ti esas tardes en que aruñabas el cemento. Me cuentas que recordaban tu nombre cada vez que te saludaban porque sabes que el olvido me aterra. Lo sé, sé que no quieres que me encierren, pero yo, amor, no necesito estar adentro para escuchar voces sin cuerpos, para perder la noción del tiempo, para intoxicarme con mis propios poemas. Te digo que de nada sirve a veces estar afuera, y entonces me abrazas como el más real de los fantasmas, y me dices que estarás junto a mí, que me cuidarás de todo aquel que intente hacerme daño, que no permitirás que me encierren. Y yo te beso, y te doy las gracias, pero tu voluntad ahora me sobra. Porque aprendí a conocer el sentido de tus palabras, lo efímero de tus abrazos. Porque tú sabes, amor, que este temblor que se apodera de mi cuerpo, estas ganas de pintar mis nombres en la pared de tu cuarto con la sangre que sale de mi sexo, esta necesidad de golpear al señor que viaja a mi lado en el metro, estas ganas de orinar en medio de la avenida todo el sufrimiento que llevo en mi vejiga, esta premura de salir corriendo desnuda y mutilada, todos estos poemas que gritan, todas estas lágrimas, todas estas pesadillas, toda esta angustia de vomitar bilis mientras canto, toda esta histeria-neurosis-paranoia, toda esta locura a la que tanto le temes, todo este encierro sin muros ni puertas, amor, lo desataste tú.