sábado, junio 09, 2007

Necrópolis pendiente

Los muertos que viven en el cementerio de San Diego no comprenden nuestra ausencia. Es lógico, prometimos que los visitaríamos, que iríamos con nuestros cuerpos cansados luego de haber caminado tanto por ese panteón ciclópeo llamado ciudad, sacramental en el que habita tanto vivo moribundo. Nos esperaron todo el día y toda la noche del viernes. Y jamás aparecimos.

No saben que entre los dos se rompió algo -aunque las promesas sigan pendientes- y que a pesar de ello es posible que una de estas tardes, con el cielo ya agonizantemente, lleguemos a entrar a sus necrópolis tomados de la mano. Y que cantemos bajito al pie de una lápida desgastada. Y que disfrutemos del amor templado que únicamente otorgan los cuerpos recostados, fríos y tiernos, porque la ternura es casi una generalidad post morten, con la que hasta el rostro más duro se vuelve indefenso.

Pero también es posible que nosotros, que estamos vivos –al menos eso es lo que nos dicen- y aún queriéndonos tanto –al menos eso es lo que nos decimos-, continuemos separados, pálidos y mudos.

Entonces, cada uno irá al cementerio de San Diego por su lado, con un libro bajo el brazo y en busca de sosiego. Y me extrañarás tanto que te morderás la lengua. Y yo estaré junto a la lápida desgastada de algún ciudadano olvidado. Y sólo el silencio aullará para hacernos compañía.